Dolores Internos del Sagrado Corazón de Jesús

Conoce más sobre esta bonita devoción guatemalteca que fue impulsada por la Beata Madre Encarnación Rosal.

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Esta es una devoción que tiene su origen aquí en Guatemala una madrugada de Jueves Santo cuando el propio Jesús se manifiesta a Madre Encarnación Rosal, hoy beata. Ahora te explico esta bonita devoción.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano

MANIFESTACIÓN MÍSTICA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS.

Cierta noche del miércoles al jueves santo de 1857 estando en oración en la capilla, entre las dos y tres de la mañana, sentí que alguien me jalaba el velo que me cubría, pero no hice caso. Y cuando meditaba la pésima traición de Judas escuché en mi interior una clara voz del Señor que me decía: ‘No celebran los dolores de mi corazón’. Quedé muy impresionada y convencida que era un aviso místico. Al comentarle a mis directores espirituales ellos prudentemente dejaron la cosa en el aire.

Pasando unos días, acabando de comulgar, teniéndole aún, oí la misma voz interior que me decía: ‘No celebran los dolores de mi Sagrado Corazón’. Pero Señor le dije: ‘¿por qué no te fijas en otra monja?’ y escuchó la misma voz en su interior: ‘Porque no hay otra más baja que tú’ “.

Luego de esto, Madre Encarnación consultó con su confesor Monseñor Piñol sobre lo sucedido, así como con el arzobispo Fray Francisco de Paula García y Peláez, arzobispo de Guatemala, pero ninguno le hizo mayor caso. Los siguientes quince días, la voz continuó resonando en el interior de Sor Encarnación.

La época de lluvia inició, en los alrededores del mes de mayo, cuando, nuevamente entre las dos y tres de la mañana Sor Encarnación atraviesa el Claustro de las Beatas de Belén y, al entrar a la capilla para orar, nota que está inundada de una luz, que no lastima la vista, y entre dicha luz, se presenta Jesús Resucitado. Madre Encarnación dice que de todos los poros del cuerpo de Jesús brotaba sangre y, sacándose el corazón, se lo mostró traspasado por diez dardos crueles, debido al quebrantamiento de los diez mandamientos.

UNA PROMESA PARA COMBATIR LA EPIDEMIA.

Para el mes de julio del mismo año, una epidemia de cólera azotaba a Guatemala; en el Beaterio de Belén dos hermanas fueron víctimas de esta epidemia y otras más estuvieron gravemente enfermas.

Llegó una noche en que Madre Encarnación sintió una amargura de corazón, como agonía de muerte y, sintiendo otras angustias, pensó en promover la celebración de los Dolores del Corazón de Jesús y le ofreció trabajar por ello; en ese momento volvió la calma a su corazón. Una segunda noche Madre Encarnación volvió a sentir la amargura en su corazón, pero ella nuevamente le promete a Jesús comunicar a su confesor la promesa hecha y la paz regresa a su interior.

A la tercera noche vuelve a sentir lo mismo, y ella le promete al Señor que pasaría por vergüenzas, contradicciones, trabajos y dificultades para establecer y promover la devoción a los Dolores Internos del Corazón de Jesús.

Tal como lo había prometido, Madre Encarnación comenta a su confesor y director espiritual lo ocurrido. Es Monseñor Piñol quien le otorga el permiso, con el apoyo de los padres Taboada y Miguel Muñoz por lo que comenzó a pedir limosnas para organizar un pequeño altar y celebración en honor a los Dolores internos del Corazón de Jesús, pensando en realizarlo el día 25 de agosto de ese mismo año. El señor arzobispo, primero nacido en Guatemala, le otorgó la licencia para dicha celebración y ordenó también que todos los 25 de cada mes se realizara un acto de desagravio en el Beaterio de Belén.

Madre Encarnación notó que, pasado el 25 de agosto, la epidemia de cólera, así como sus estragos, fueron disminuyendo en el país hasta que desapareció en su totalidad.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano

EL SAGRADO CORAZÓN CON LOS DIEZ DARDOS: IMAGEN INSPIRADA POR EL PROPIO DIOS.

Narra Madre Encarnación: “Esto era lo que el Señor me inspiraba dándome luz de cómo había de hacer la imagen, con un corazón con diez dardos, siete alrededor y tres al fondo; habiéndole consultado lo que contenían los diez dardos en varias inteligencias, según se me alumbrada.

1. Ver a su Eterno Padre gravemente ofendido.

2. La herejía esparcida por todo el mundo.

3. La apostasía de los malos cristianos.

4. El olvido de sus beneficios (del Corazón de Jesús).

5. El desprecio de sus gracias y sacramentos.

6. La memoria y representación de su acerba pasión.

7. La frialdad e indiferencia de los suyos.

Estos son los siete dardos del círculo del Corazón, los tres que siguen son los del centro:

8. El Escándalo y sacrílego atentado de los malos sacerdotes.

9. El violar sus votos las Esposas de Cristo.

10. La persecución de los justos.”

Texto: Parroquia El Espíritu Santo / Fotografía: Parroquia El Espíritu Santo
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Las píldoras de la Virgen.

Desde que Don Bosco era seminarista, se industriaba para aliviar a los enfermos invocando a María Santísima. Consistía su industria en distribuir una especie de píldoras de miga de pan, o unos polvos, mezcla de azúcar y harina de maíz, imponiendo a los que recurrían a su ciencia médica la condición de acercarse a los Sacramentos y rezar un determinado número de avemarías, de salves o de otras oraciones a Nuestra Señora. La medicina prescrita y las oraciones señaladas debían cumplirse durante tres días, unas veces, y otras durante nueve. Lo cierto es que, hasta los enfermos más graves, se curaban. De pueblo en pueblo corría la noticia y un gran número de enfermos acudía al nuevo médico, que ganaba cada vez más confianza con el éxito de sus remedios. Desde entonces, conocía la eficacia de las oraciones dirigidas a nuestra Señora. Tal vez la misma Santísima Virgen le había concedido visiblemente la gracia de las curaciones que él ocultaba tras la artimaña de las píldoras y los polvos, para no ser objeto de admiración. Aun siendo sacerdote, mientras estuvo en la Residencia Sacerdotal, siguió valiéndose de este medio, que solamente abandonó después de un caso verdaderamente singular.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Don Bosco

En 1844 cayó enfermo en Montafía con fiebres pertinaces el señor Turco; ninguna prescripción médica le curaba. Acudió la familia a Don Bosco, el cual, después de aconsejar la confesión y comunión, les entregó una cajita con las consabidas píldoras que el enfermo debía tomar cada día en determinadas dosis, rezando antes tres salves. Apenas tomó las primeras píldoras, el señor Turco curó radicalmente. Todos quedaron maravillados. El farmacéutico se apresuró a ir a Turín, se presentó a Don Bosco y le dijo: “Admiro su talento y el poderoso específico que usted ha inventado. Los hechos demuestran que es un febrífugo eficacísimo. Le ruego, con toda mi alma, me venda una cantidad de su fármaco o me diga el secreto, a fin de que el pueblo de Montafía en masa no tenga que venir hasta Turín para proveerse de él”.

Don Bosco se quedó un tanto perplejo y no se le ocurrió más salida que ésta: “Se me han acabado las píldoras; no me queda ni una”.

Volvió a su casa el farmacéutico. Intrigado por conocer los ingredientes de las píldoras, se procuró algunas, que conservaba la familia, e hizo su análisis químico.

– Pero ¡si no hay más que pan! – exclamó – y ¡sin embargo, las curaciones son evidentes!

Fue a visitar a otro farmacéutico, amigo suyo, y entre los dos analizaron las píldoras, las examinaron cuidadosamente y tuvieron que concluir: “¡Esto es pan! ¡No cabe la menor duda!”.

La noticia corrió por todo el pueblo. El mismo señor Turco fue a Turín a visitar a Don Bosco y darle gracias. Le contó los rumores sobre las píldoras de pan y rogó le manifestará el secreto de la medicina. Don Bosco le preguntó:

– ¿Rezó usted con fe las tres salves?

– ¡Cómo no! ¡Puede usted imaginarlo! – le respondió.

Pues esto le baste – concluyó Don Bosco.

Desde entonces, al ver descubierta su artimaña, abandonó aquel método de curación y recurrió como sacerdote, únicamente a la eficacia de las bendiciones.

Texto: Parrroquia El Espíritu Santo / Fotografía: Parroquia El Espíritu Santo


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Plegaria a María Auxiliadora.

Santísima e Inmaculada Virgen María, Madre de la Iglesia y Madre nuestra, Auxiliadora del pueblo cristiano, a ti acudo, porque tú conduces a tu Hijo.

Te consagro mi mente, mi corazón, con sus afectos y deseos; mi cuerpo y todas mis fuerzas. Quiero trabajar para el Reino de Dios. Quiero que en todo se cumpla la voluntad del Padre.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, María Auxilaidora, Virgen Auxiliadora

Tú, Madre y Auxiliadora del pueblo cristiano, danos tu ayuda en estos días nuestros. Ilumina y fortalece a nuestros obispos, sostén a los sacerdotes en su tarea, auxilia al pueblo cristiano y mantennos en unidad con el Papa.

Te pedimos que mires con especial cariño a los niños y jóvenes que son el futuro, a los jóvenes esposos en sus dificultades, a los necesitados y a los explotados, a los emigrantes y a los olvidados de la sociedad, a los enfermos y moribundos. Sé, para todos, María Auxiliadora, Refugio y Amparo, Madre de misericordia y Puerta del cielo.

Haz, María Auxiliadora, que todos sintamos el amparo de tu manto para salir libres de las tentaciones, y vivir según el Evangelio de tu Hijo Jesús.

Que todos tus devotos experimenten tu protección y podamos ser en el mundo luz y sal, semilla y fermento del Reino inaugurado por Jesús, tu Hijo y nuestro hermano.

Amén.

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Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, María Auxilaidora, Virgen Auxiliadora
Texto: Anónimo / Fotografía: Parroquia El Espíritu Santo / Diseño: Parroquia El Espíritu Santo


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Como afrontar la enfermedad en familia.

Un aspecto que no podemos ignorar.

Hay un aspecto que, lamentablemente, es muy común en nuestras familias: la enfermedad. Esta es una experiencia de nuestra fragilidad y que, en el ámbito de los vínculos familiares, la enfermedad de uno de los miembros de la familia se sufre con un “plus” de sufrimiento y angustia. Ese “plus” es el resultado del amor que sentimos por esa persona.

De alguna manera podemos decir que la familia es el “hospital” más cercano; son la mamá, el papá, hermanos, abuelos quienes garantizan las atenciones y que nos ayudan a sanar.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Papa Francisco, Catequesis

Lo que nos dice la Biblia.

En los Evangelios podemos encontrar muchas narraciones de personas que llevaban a sus enfermos a Jesús para que los curase, y Él jamás se negó; nunca se entretuvo con otras cosas; “la curación estaba antes que la ley, incluso una tan sagrada como el descanso del sábado (cf. Mc 3, 1-6)“.

Recuerda lo acontecido en el episodio del ciego de nacimiento (Jn 9, 1-5). Los discípulos discutían quien había pecado primero, porque había nacido ciego, si él o sus padres, para provocar su ceguera. Jesús les dijo: “ni él ni sus padres; sucedió así para que se manifestase en él las obras de Dios”. Y lo curó.

¡Esta es la gloria de Dios! ¡Esta es la tarea de la Iglesia! Ayudar a los enfermos, consolar, aliviar, estar cerca de ellos.

La Iglesia nos invita a la oración continua por todas aquellas personas que sufren pues, la oración por los enfermos no debe faltar nunca, al contrario, debemos rezar aún más, tanto de manera individual como en comunidad.

Una oportunidad para educar.

Es muy importante que las familias eduquen a los hijos desde pequeños para ser solidarios en el momento de la enfermedad, para que, cuando sean jóvenes, no estén “anestesiados” ante el sufrimiento de los demás. La debilidad y el sufrimiento de nuestros seres queridos pueden ser, para nuestros hijos y nietos, una escuela de vida, y llegan a serlo cuando los momentos de la enfermedad van acompañados por la oración y la cercanía afectuosa y atenta de los familiares. Pero también, como comunidad cristiana, debemos recordar que, en la prueba de la enfermedad, no podemos dejar solas a las familias pues esta cercanía ayuda a las familias a atravesar el difícil momento del dolor y sufrimiento. “Esta cercanía cristiana, de familia a familia, es un verdadero tesoro para una parroquia; un tesoro de sabiduría, que ayuda a las familias en los momentos difíciles y hace comprender el reino de Dios mejor que muchos discursos. Son caricias de Dios.”

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Texto: Parrroquia El Espíritu Santo / Fotografía: Parroquia El Espíritu Santo / Fuente: Papa Francisco. AG 10-05-15


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Los tres días que recomendaba.

La devoción al Ángel de la Guarda estaba muy arraigada en Don Bosco y, por ello, gustaba de recomendar a todos que acudieran a él, especialmente en los momentos de peligro. Además, señalaba también a los jóvenes algunos días de especial devoción al Ángel de la Guarda. Y así les decía y escribía:

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Don Bosco

1.° El martes de cada semana está consagrado por la Iglesia, de modo particular, al culto de los santos ángeles. A imitación de San Luis, devotísimo de su Ángel Custodio, os aconsejo que ese día practiquéis alguna mortificación en su honor, por ejemplo, una abstinencia, una oración con los brazos en cruz, o besar el Crucifijo; y, si podéis, haced una limosna, según el consejo del arcángel Rafael a Tobías.

2.° El día de vuestro nacimiento, el primero en que él ejerció su oficio de guardián, renovad las promesas que, en su presencia, hicisteis por medio de vuestros padrinos en el santo bautismo, esto es, querer amar e imitar a Jesucristo y observar su santa ley. Santificad ese día con una comunión fervorosa, con una oración algo más prolongada, u otro ejercicio de piedad más señalado, como muestra de reconocimiento por aquel primer amor con que el Ángel tomó vuestra custodia.

3.° El primer día de cada mes. ¡Dichosos vosotros, si imitando la piadosa costumbre de tantas almas cristianas, preocupadas por su salvación, procuráis meditar en las máximas eternas, reflexionando seriamente sobre el fin para que fuimos creados por Dios y sobre el estado de vuestra conciencia! ¿Qué sería de vuestra alma si la muerte os sorprendiera en este momento? Acercaos a los Santos Sacramentos. Practicad el bien, mientras tenéis tiempo.

Todo lo que llevamos expuesto hay que extenderlo a toda la vida de Don Bosco. Pero ya entonces solía servirse de este poderoso medio para atraer a la virtud a los pilluelos de la calle de otro tiempo. Ellos seguían fielmente sus consejos y las enseñanzas de su buen director que se confirmaron con un hecho maravilloso.

Texto: Parrroquia El Espíritu Santo / Fotografía: Parroquia El Espíritu Santo


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