San Bernardino de Siena

San Bernardino de Siena,
Sacerdote

  • 20 de mayo

Massa Maritima (Italia) es su pueblo natal. Llegó a este mundo el 8 de septiembre de 1380. A los seis años ya era huérfano de padre y madre y fue acogido por unos tíos que le dieron toda clase de facilidades para que pudiera estudiar y lo hizo muy bien. Estudió teología, y la doctrina de los Santos Padres, escritores de la Iglesia primitiva. Pero tuvo que dejar los estudios porque al venir sobre Siena una terrible enfermedad, la peste, se ofreció como voluntario para hacer de enfermero. Cayó también enfermo, pero pudo salvarse.

Una vocación que nace en la experiencia

Durante la enfermedad pensó mucho en su vida y, al curarse, ingresó en los franciscanos en el año 1402. Fue superior de varios conventos, pero a él lo que le tiraba de verdad era la predicación. En ella tuvo mucho éxito entre las almas, alcanzó grandes conversiones y arrepentimientos por malas obras, devolvió la fe a muchos, alentó siempre a todos para que fuesen buenos hijos de Dios.

Predicador valiente en tiempos difíciles

En el año 1410 predicó durante toda la Cuaresma en Siena y al acabar un sermón sobre los males de la avaricia, los usureros de la ciudad estuvieron a punto de matarlo, pero él pudo escapar del peligro y siguió, sin temor, la predicación.

Responsabilidad y fidelidad al espíritu franciscano

En 1414 fue elegido superior provincial, que quiere decir que tiene que gobernar varios conventos unidos en la misma provincia. En este cargo se esforzó para que todos sus frailes viviesen mejor el espíritu de san Francisco (4 de octubre). Durante este tiempo siguió su predicación, aunque no con tanta intensidad como le hubiera gustado.

Un tiempo de plenitud apostólica

Al acabar el cargo de provincial llegó a su plenitud como predicador. Fue un periodo largo de once años (1418-1429) que lo llevó por toda Italia. Las gentes acudían desde lugares lejanos para oírlo, llenando las iglesias y muchas veces tenía que predicar en las plazas porque no cabía la multitud en otro lugar.

El poder del Nombre de Jesús

De todos los temas que predicaba, uno destacaba sobre los demás, era el del Nombre de Jesús. Según San Bernardino, es el nombre que nos salva, el que hay que reconocer como el primero entre todos, ante el que hay que doblar la rodilla. Lo puso en un estandarte con las tres letras del Nombre de Jesús, JHS, «Jesús Hombre Salvador». Por todo esto fue acusado de herejía, pero el Papa Martín V lo declaró inocente e hizo que predicara en Roma y en otros lugares.

Fidelidad hasta el final de su misión

Le ofrecieron por tres veces ser obispo y él lo rechazó las tres veces porque su vocación era la predicación y debía hacerlo en cualquier lugar. Siendo obispo no podría hacerlo, porque tendía que dedicarse a su diócesis. Muy cansado por tantas fatigas murió el 20 de mayo de 1444. Fue canonizado el 24 de mayo de 1450.


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