San Eugenio de Mazenod,
Obispo
- 21 de mayo
Carlos José Eugenio de Mazenod nació el 1 de agosto de 1782, en Aix-en-Provence (Francia) de una familia creyente en Dios, noble y rica. Su padre ocupaba un cargo importante en la ciudad y por motivos políticos fue desterrado. Toda la familia se trasladó a Italia. Eugenio volvió a Francia cuando tenía 20 años. Entonces se dio cuenta de lo mal que estaba la Iglesia, los sacerdotes no eran nada arriesgados ni sufridos, la gente era muy ignorante en todo lo que fuese religión. Por eso se propuso arreglar todo lo que pudiese por su parte.
Formación y opción por los pobres
En 1808 entra en el famoso seminario de San Sulpicio de París. Se gana la confianza de sus superiores y, aunque es muy joven y aún no es sacerdote, por ausencia del rector lo hacen superior. Es ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1811. El obispo que lo ordena le ofrece un cargo muy importante, pero él lo rechaza porque quiere ser «el sacerdote de los pobres».
El inicio de una obra misionera
Empieza su predicación en su ciudad Aix y pronto reúne a su lado un grupo de jóvenes que le ayudan en las misiones populares que va predicando por los barrios. Anima a sus compañeros a ser cada ves mejores y a entregar a la enseñanza del Evangelio. Esta unión de equipo tiene sus frutos y llega pronto, el 17 de febrero de 1826, la aprobación del Papa León XIII. Su Congregación se llamará «Misioneros Oblatos de María Inmaculada».

Una responsabilidad inesperada
Le llegó a Eugenio una gran responsabilidad, lo nombraron obispo se Marsella. Su tío, el anterior obispo había muerto y enseguida se pensó en él para sucederle. Tuvo que aceptar y cargó con todo el trabajo de poner en marcha una diócesis tan poblada como Marsella, la gran ciudad a orillas de Mediterráneo.
Pastor cercano y entregado
Como obispo se desvivió por todos sus diocesanos, creó instituciones para los jóvenes, para los hombres y las mujeres, hizo que se predicasen misiones populares en los barrios que rodeaban la ciudad, creó nuevas parroquias, visitó todas las parroquias de las diócesis. Y siempre el obispo era un ejemplo para todos de unión con Dios por la oración y por el sacrificio.
Una misión que cruza fronteras
Al mismo tiempo continuó siendo el Superior General de su Congregación, y la vio ensancharse mucho más allá de Francia; Canadá, Inglaterra, Irlanda, Estados Unidos, Sri Lanka, Sudáfrica. Escribe cartas a todos sus misioneros, los alienta y los aconseja, los orienta siempre en su misión de llevar el Evangelio a los pobres. Siempre eran sus preocupaciones la santificación y el apostolado de sus hijos Oblatos de la Inmaculada.
El cierre de una vida consagrada
Se agravaron sus enfermedades y murió, rodeado de sus misioneros, el día de Pentecostés de 1861. Fue canonizado por san Juan Pablo II el 3 de diciembre de 1995.
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