San Francisco Coll,
Sacerdote
- 19 de mayo
El padre Coll fue el primer beatificado por el Papa Juan Pablo II: lo hizo el 29 de abril de 1979. Y el primer santo español canonizado por Benedicto XVI.
Infancia marcada por la fe
Fue el undécimo hijo de Pedro Coll y Magdalena Guitart. Nació el 18 de mayo de 1812 en Gombrén (Gerona), cerca del santuario de la Virgen de Montgrony donde, desde pequeño, el padre Coll adquirió una gran devoción a la Virgen María que le duró toda la vida. Fue un niño normal, sano, fuerte y muy movido, pero también buen chico, obediente y estudioso.
Una llamada inesperada
A los 10 años ingresó en el seminario de Vic: quería ser sacerdote. Hizo los estudios de Humanidades (Bachillerato) y comenzó los 3 cursos de filosofía. Pero un día le sucedió algo muy extraño. Por una calle de Vic se le acercó una persona desconocida que le dijo: «Tú, Coll, debes ser dominico». Estas palabras lo dejaron llenos de dudas que resolvió entrando en el convento de la Anunciación de los dominicos en Gerona en 1830.

Vocación firme en tiempos difíciles
Hizo sus votos en octubre del año 1831, estudio teología y llegó a ordenarse diácono en Barcelona. Pero llegó la ley antirreligiosa de desamortización de 1835 y los conventos tuvieron que ser suprimidos. El de los dominicos de Gerona, donde estaba Fray Francisco, fue cerrado el 7 de agosto de aquel año.
Entrega pastoral en medio del conflicto
El padre Coll se ofreció al obispo de Vic para hacer de sacerdote diocesano, sin dejar de ser dominico y llevar su hábito blanco y negro. Fue enviado como coadjutor a la parroquia de Artés (Lérida) y luego a la de Moyá (Barcelona), que estaba en pleno frente de la guerra carlista. El joven sacerdote se desvivía para llevar consuelo a los afligidos, acoger a los huérfanos, pacificar a unos y otros, animar a los desesperados.
Una misión que transforma vidas
Comenzó a predicar misiones populares y su voz se extendió por toda Cataluña, durante casi 30 años. Así se pudo dar cuenta de la necesidad que había de que, sobre todo en los pueblos, la mujer tuviera una educación que la llevara a una vida mejor. Por eso tuvo la idea feliz de fundar una Congregación de Hermanas Dominicas. La idea le gustó al obispo y el 15 de agosto de 1856 nacía esa Congregación bajo el patrocinio de la Anunciata (Anunciación de la Virgen), porque las Dominicas de la Anunciata tenían que llevar el anuncio del Reino de Dios tal como había hecho el arcángel san Gabriel a la Virgen María. Comenzaron siete Hermanas, pero pronto fueron más de 20.
El final de una vida entregada
El 2 de diciembre de 1869, mientras predicaba, tuvo un ataque de apoplejía que lo dejó muy mal. Se recuperó un poco, pero fue decayendo hasta que murió el 2 de abril de 1875, a los 63 años.
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