Santos Áquila y Priscila

Santos Áquila y Priscila,
Matrimonio

  • 08 de julio

Estos santos representan un modelo claro para quienes desean colaborar activamente con la Iglesia. Su vida no se limitó a una fe pasiva, sino que se tradujo en acciones concretas al servicio del Evangelio.

A través de su ejemplo, muestran que cualquier estado de vida puede convertirse en una misión. Su entrega constante y su disponibilidad los convierten en referencia para quienes buscan vivir su fe con compromiso real.

Orígenes y primeros cambios

Llegaron a Roma desde la región del Ponto, en el Mar Negro. Eran un matrimonio judío que tuvo que abandonar la ciudad en el año 49, cuando el emperador Claudio ordenó la expulsión de los judíos.

Se trasladaron a Corinto, donde comenzaron una nueva etapa. Áquila trabajaba como tejedor de lonas para tiendas, un oficio común en ese tiempo, y es posible que en Roma hayan conocido la fe en Jesús.

Encuentro con San Pablo

En Corinto conocieron a San Pablo, quien convivió con ellos durante un tiempo. Este encuentro fue clave, ya que fortaleció su compromiso cristiano y su cercanía con la misión apostólica. Aunque al inicio vivieron juntos, Pablo decidió trasladarse a otra casa para no causar molestias. Aun así, la relación se mantuvo firme, basada en la colaboración y el servicio compartido.

Misión en comunidad

Después de un año y medio, partieron junto a San Pablo hacia Éfeso. Allí, su hogar se convirtió en un espacio de encuentro para la comunidad cristiana, funcionando como un lugar de oración y formación.

Además, asumieron el rol de catequistas, acompañando a quienes se integraban a la fe. Incluso ayudaron a Apolo, un predicador con talento, a comprender mejor algunos aspectos del mensaje cristiano.

Fidelidad y valentía

Cuando Pablo regresó a Éfeso, ellos aún permanecían allí, y su casa seguía siendo punto de reunión para los creyentes. Su compromiso era constante y visible en la vida de la comunidad. Más adelante, volvieron a Roma tras la muerte de Claudio. Allí, San Pablo reconoce su valentía, afirmando que arriesgaron su vida por él, mostrando una fe que no se quedaba solo en palabras.

Un ejemplo que permanece

No permanecieron mucho tiempo en un solo lugar, ya que continuaron su camino misionero. Incluso en nuevas cartas, Pablo sigue enviando saludos, señal de su cercanía y colaboración constante.

Este matrimonio se convierte así en modelo para todos: solteros, casados, religiosos o laicos. Su vida demuestra que anunciar el Evangelio es una tarea compartida que se vive en lo cotidiano.


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