Ejercicio de las Diez Lámparas para honrar los Dolores Internos del Sagrado Corazón de Jesús

Esta devoción tiene por objeto honrar los Dolores del Sagrado Corazón de Jesús, y con especialidad, diez, que parecen los principales y más íntimos, por el quebrantamiento que se hace de los Diez Mandamientos de la Ley de Dios.

Para alcanzar este fin, se formarán coros compuestos de diez personas, las cuales, unidas a los coros celestiales, procurarán con la práctica de las virtudes, ejercicios de piedad y afectos fervorosos, arder en el fuego del divino amor como otras tantas lámparas en derredor del Corazón dolorido de Jesús, a fin de desagraviarle continuamente.

El día 25 de cada mes se cambiarán el ejercicio o lamparita, a fin de que los diez ejercicios le toquen sucesivamente a cada una.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesianos, Salesianos Guatemala, Oración, Diez Lámparas, Dolores Internos, Guatemala,

Organización de las lámparas del Corazón de Jesús

Objetivo

Responder al anhelo del Corazón de Jesús de unir su Corazón vivo y palpitante (Ap. 1,18) con el de cada uno de los corazones humanos (Ap. 3,20).

Medio

Formar grupos de personas que se comprometan a esforzarse diariamente a despojarse de algún sentimiento egolátrico, y a pedir al Corazón vivo de Jesús que lo llenen sus propios sentimientos, y se cumpla así en ellos el verdadero fin de la encarnación, pasión, muerte y resurrección de Cristo; Que Él se encarne en cada ser humano, formando con Él un solo corazón, y realizar en su verdadero y pleno sentido el «serán dos en una carne»; «El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto» (Jn 15,5).

¿Por qué lámparas?

Porque esta imagen responde al gran anhelo del corazón de Jesús: «Vine a traer fuego a la tierra y qué querré sino que arda´» (Lc. 12,49). De allí que el sublime elogio que hizo de su Precursor fue: «Era lámpara que ardía e iluminaba» (Jn. 5,35). La lámpara es símbolo de un corazón que ama, y que amando irradia amor. Esto podrá decirse del corazón humano solamente cuando ya no sea él quien viva sino el Corazón de Jesús quien viva, arda e irradie en él (Gal. 2,20). Entonces, sí que se cumplirá la finalidad de la redención: los humanos amarán al Padre y se amarán los unos a los otros como Jesús los ama (Jn.13,3 y 15,17), porque amarán no con su corazón ególatra y siempre interesado, sino con el Corazón mismo de Cristo.


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