San Fernando III,
Rey
- 30 de mayo
Doña Berenguela y doña Blanca eran las hijas del rey Alfonso VIII de Castilla. Berenguela fue la madre de san Fernando y Blanca lo fue de san Luis, rey de Francia (25 de agosto), mostrando cómo la influencia de estas madres fue decisiva para que ambos llegaran a ser santos en una responsabilidad tan exigente como la de gobernar.
Infancia y formación de un futuro rey
Fernando nació en Valparaíso (Zamora) en 1199 y fue educado por su madre, quien le inculcó virtudes fundamentales como el amor a Dios, la devoción a la Virgen María, la atención a los pobres y el cumplimiento del deber. Desde niño destacó por sus cualidades, mostrando el carácter y la formación propios de un príncipe preparado para grandes responsabilidades.
Un joven rey con sentido de misión
El heredero del trono de Castilla murió siendo niño y doña Berenguela fue proclamada reina, pero comprendiendo la necesidad de un gobierno firme, renunció en favor de su hijo. Así, Fernando fue proclamado rey de Castilla a los 18 años, en Valladolid, el 31 de agosto de 1217, asumiendo con madurez una tarea de gran importancia.
Un gobierno cercano y profundamente cristiano
Recibía a todos los que querían hablar con él, evitaba aumentar los impuestos a los pobres y llevaba una vida penitente. Antes de las batallas rezaba con frecuencia, escuchaba consejos y los ponía en práctica, considerándose siempre un hijo de la Iglesia y obedeciendo al Papa como a la autoridad establecida por Dios.

Vida familiar y amor conyugal
En 1219 se casó con la princesa Beatriz de Suabia y durante 16 años vivieron un matrimonio feliz, del cual nacieron diez hijos, siendo el primero Alfonso X el Sabio. La educación de los hijos fue una prioridad para ambos, y tras la muerte de Beatriz en 1235, Fernando, con el apoyo de su madre, volvió a casarse dos años después con Juana de Ponthieu, con quien también formó una familia llena de afecto.
Reconquista y fe en acción
Fernando se propuso recuperar territorios en España para la corona de Castilla y logró importantes conquistas como Jaén, Córdoba y Sevilla. En cada ciudad, transformaba las mezquitas en catedrales dedicadas a la Virgen María, a quien tenía siempre presente, llevando una imagen suya junto a su ejército y dejando en Sevilla la Virgen de los Reyes, hoy patrona de la ciudad.
Últimos años y reconocimiento como santo
Al conocer Sevilla, quedó profundamente impresionado y decidió establecer allí su corte, permaneciendo en la ciudad hasta su muerte el 30 de mayo de 1252, dando ejemplo de profunda religiosidad. El 7 de febrero de 1671, el Papa Clemente X autorizó la celebración de su fiesta como santo, reconociendo oficialmente su testimonio de vida.
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