Beato José Kowalski

Beato José Kowalski,
Sacerdote

  • 29 de mayo

José Kowalski nació en Siedliska, cerca de Rzeszów, en Polonia, el 13 de marzo de 1911, en el hogar de Wojciech y Sofía Borowiec, siendo el séptimo de nueve hijos. Sus padres, católicos practicantes, eran campesinos y propietarios de una modesta granja, donde creció en un ambiente de fe y trabajo que marcaría toda su vida.

Vocación salesiana desde la juventud

Terminada la enseñanza primaria, ingresó al Colegio Salesiano de Oswiecim (Auschwitz), donde se distinguió por su dedicación al estudio, su espíritu de servicio y su sincera alegría. Se inscribió al Sodalicio de la Inmaculada Concepción y a la Asociación Misionera, llegando a ser su presidente, y desarrolló un profundo amor por el carisma salesiano y por su fundador, esforzándose por vivir con entusiasmo su vida espiritual y su compromiso con los demás.

Un corazón entregado a Dios

Siendo un joven estudiante empezó a llevar un diario, en el que expresó su devoción a María Auxiliadora y a la Eucaristía, manifestando su deseo firme de alcanzar la santidad. En sus propias palabras se reflejaba una entrega total, con el anhelo de permanecer siempre fiel a Dios y de vivir como un auténtico Salesiano, siguiendo el ejemplo de Don Bosco.

Sacerdocio y servicio en tiempos difíciles

Hizo su profesión en 1928 en Czerwinsk y fue ordenado sacerdote el 29 de mayo de 1938 en Cracovia, siendo luego nombrado secretario inspectorial. En la parroquia atendía el coro juvenil y se dedicaba especialmente a los jóvenes más difíciles, demostrando una cercanía concreta y comprometida, incluso cuando en 1939 Polonia fue ocupada y la situación se volvió cada vez más peligrosa.

Arresto y vida en el campo de concentración

El 23 de mayo de 1941, la Gestapo lo arrestó junto con otros once Salesianos que trabajaban en Cracovia. Primero fue llevado a la prisión de Motelupich y luego, el 26 de junio, trasladado al campo de concentración de Auschwitz, donde recibió el número 17.350. A pesar de las condiciones extremas, organizó en secreto un apostolado, confesando, celebrando la Misa, rezando el Rosario y animando a sus compañeros a mantenerse firmes en la fe.

Fidelidad hasta el martirio

Fue sometido a sufrimientos y humillaciones, pero su fe no se quebró. Cuando fue descubierto con un Rosario, se negó a pisotearlo, gesto que aceleró su martirio ocurrido en Auschwitz el 4 de julio de 1942. Su cuerpo fue tratado con desprecio, pero su testimonio comenzó a ser reconocido por sus compatriotas como un signo de fe viva que inspiraba nuevas vocaciones.

Reconocimiento de su testimonio

Su memoria fue venerada en Polonia, y el Papa Juan Pablo II mostró especial interés por la causa de los mártires polacos. Finalmente, José Kowalski fue beatificado en Varsovia el 13 de junio de 1999, confirmando el valor de su entrega y su fidelidad hasta el final.


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