San Rosendo

San Rosendo,
Obispo

  • 01 de marzo

Parece ser que nació en Salas (Orense) el 28 de noviembre del año 907. Era hijo de padres muy nobles de la corte del rey Alfonso el Magnánimo. Su madre, la Beata Ilduara, influyó profundamente en su formación, por lo que es fácil imaginar que la educación del pequeño Rosendo fue cristiana en todos sus detalles. Los primeros años los vivió en la casa familiar, instruido por maestros particulares y acompañado muy de cerca por su madre. Su padre también dejó huella en la formación del futuro caballero.

Formación y vocación temprana

Pronto fue enviado junto a su tío, el obispo de Mondoñedo, donde estudió latín y religión en la escuela de la catedral. Allí comenzó a sentirse atraído por la vida monástica. Con apenas doce años ya aparece su firma en un documento real que concedía un privilegio a la Iglesia de León. Hacia los quince años ingresó en un monasterio, donde profundizó en el estudio de la Biblia y de los Santos Padres, los primeros grandes escritores santos.

Obispo a los 18 años

Su fama de santidad crecía entre quienes lo conocían. Además, su origen en la corte influyó para que, a los 18 años, fuera elegido y nombrado Obispo de Mondoñedo. Aunque la noticia no le agradó —pues implicaba dejar el monasterio— obedeció con humildad. Decían de él que era joven en el cuerpo, pero anciano en sabiduría y santidad.

Un pastor incansable

Como obispo trabajó sin descanso: fundó iglesias y monasterios, socorrió a pobres y enfermos, predicó con fervor la Palabra de Dios, promovió la paz —especialmente entre los nobles— y ofreció consejo a la corte real. Siempre que podía, se retiraba algunos días a un monasterio para orar en silencio. En uno de esos retiros surgió la idea de fundar su propio monasterio. En el año 935 comenzó la construcción del monasterio de San Salvador de Celanova, en el pueblo de Villar. En 942 quedó terminado y nombró como abad a san Franquila, quien guió ejemplarmente a la comunidad.

Regreso a la vida monástica

Tras veinte años como obispo, renunció al cargo y pidió ingresar como monje en su propio monasterio. Allí vivió varios años dedicado a la oración y al trabajo, en una etapa que fue especialmente feliz para él.

Gobernador y defensor de la paz

Sin embargo, el rey le ordenó asumir el gobierno de la provincia. Aceptó con obediencia y tuvo que enfrentar ataques de musulmanes y normandos, logrando importantes victorias. Restablecida la paz, regresó al monasterio, donde fue elegido abad. Vivió santamente hasta su muerte, el 1 de marzo del año 977. Su sepulcro fue profundamente venerado por el pueblo, y el Papa Celestino III lo canonizó en 1194.


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