Santa Juana Antida Thouret,
Religiosa
- 23 de mayo
Es la fundadora de las Hermanas de la Caridad, que no hay que confundir con las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl (27 de septiembre) y de Santa Luisa de Marillac (15 de marzo). Su obra nació con un estilo propio de servicio, marcado por la cercanía con los más necesitados y una entrega concreta en medio de las realidades más difíciles.
Origen humilde y vida familiar exigente
Santa Juana nació en Sancey-le-Grand (Francia) en 1765, siendo la quinta de los nueve hijos que tuvieron sus padres. Todos formaban una familia de trabajadores pobres. El padre era fiel cumplidor de su deber y la madre era modelo de virtudes, pero faltaba cariño entre los miembros de la familia, lo que hizo que su crecimiento estuviera marcado por el esfuerzo más que por la ternura.
Trabajo, oración y responsabilidad desde joven
Juana pudo ir muy poco tiempo a la escuela porque tenía que dedicarse a pastorear. El oficio de pastora le aficionó a la soledad y a la oración, creando en ella una profunda vida interior. Cuando volvía del campo tenía que ayudar a su madre en las tareas de la casa, pero al enfermar gravemente su madre, la muchacha asumió sola el cuidado del hogar y de la familia. A pesar del peso del trabajo, nunca dejó de cumplir con todo y aún encontraba tiempo para servir, incluso como catequista en la parroquia.
Una vocación firme en medio de la oposición
Quería consagrar su vida a Dios en el servicio de los pobres, por eso hizo un voto particular de vivir solo para Dios. Su familia se opuso a que fuese monja porque les hacía mucha falta, pero ella supo mantenerse firme en su decisión y entró en el noviciado de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl en París. Allí trabajó, como ella deseaba, dedicándose plenamente al servicio de los más necesitados.

Fidelidad en tiempos difíciles
Llegaron las leyes contrarias a las comunidades religiosas y Juana tuvo que volver a su pueblo. Lejos de detenerse, se dedicó a curar a los enfermos, dar clase gratuita a los niños y ayudar a los sacerdotes escondidos que estaban por allí, huidos por las leyes de la Revolución. Su compromiso no dependía de las circunstancias, sino de su convicción profunda de servir.
Nacimiento de una obra al servicio de los pobres
Se encontró con dos sacerdotes, que no aceptaban las leyes de la Revolución Francesa, quienes le aconsejaron volver a su tierra para hacer el bien allí. Juana aceptó el consejo y abrió en su pueblo un dispensario y una escuela, todo gratuito. Se le juntaron algunas compañeras que querían vivir como ella, y así nacieron las primeras Hermanas de la Caridad, que el 15 de octubre de 1800 se consagraron al servicio de los pobres.
Expansión, pruebas y legado definitivo
Seguían llegando más jóvenes dispuestas a obrar como ella y Juana abría más casas para los pobres, incluso el gobernador de la provincia les pidió atender la cárcel. Le ofrecieron un antiguo hospital en Nápoles (Italia) y ella aceptó, trasladándose para ponerlo en marcha. Mientras tanto, en Francia su fundación se dividió en dos ramas, situación que intentó resolver sin éxito. De regreso en Nápoles, su Instituto fue aprobado por el Papa y pudo ver consolidada su obra antes de morir el 24 de mayo de 1826. Fue canonizada por el Papa Pío XI el 14 de enero de 1934 y su Instituto se unió en 1954.
Descubre más desde Parroquia El Espíritu Santo
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
