Santo Domingo de la Calzada

Santo Domingo de la Calzada,
Seglar

  • 12 de mayo

En Vílota (Burgos), en el año 1019 nació Domingo García que después sería Domingo de la Calzada, por el buen nombre que se creó en el cuidado a los peregrinos por el Camino (Calzada) de Santiago. Desde sus inicios, su vida estuvo marcada por una sensibilidad especial hacia quienes necesitaban ayuda en su camino.

Formación entre monasterios y aprendizaje práctico

Desde su pueblo, muy joven aún, se trasladó al valle de Glera (La Rioja) y allí pasaba temporadas en los monasterios de San Millán, Valvanera y San Felices. En ellos, además de meterse profundamente en la vida espiritual, aprendió de la ciencia de los monjes, las artes de la construcción, de las cualidades de las plantas y de los árboles, y del reconocimiento del terreno y minerales.

Inteligencia al servicio de los demás

Aunque no realizó estudios, su aguda inteligencia la puso enteramente al servicio de los hombres, sus hermanos, y así pudo hacer el bien, mucho bien, a todos cuantos se acercaban a él, demostrando que la sabiduría también nace del corazón y de la experiencia vivida.

Un hogar que se volvió refugio

Pensaba mucho en los peregrinos a Santiago que, con muchas penalidades, pasaban por su casa, solos o en grupo. Él los atendía y servía y procuraba, con esfuerzo, que pudiesen descansar de sus fatigas. Así, poco a poco, su casa se convirtió en una posada de descanso para todos los que peregrinaban a Santiago.

El nacimiento de una ciudad

Y llegaron más gentes para establecerse junto a Domingo. Unos llegaron para montar mesones y hospederías y ganarse así honradamente la vida, mientras que otros venían con afán de sacar dinero, de cualquier manera, a costa de los peregrinos. Entre unos y otros la población se iba haciendo grande, y así fue el principio de la ciudad que hoy conocemos como Santo Domingo de la Calzada.

Obras que dejaron huella

Domingo seguía haciendo el bien a los peregrinos: construyó un puente sobre el río Oja para hacer más fácil el camino y evitar un rodeo grande. Construyó también con sus manos un hospital para poder curar allí a los caminantes enfermos y realizó la iglesia del pueblo, hoy catedral de Santo Domingo. Todo eso lo hizo con sus manos y con la ayuda de quienes se le presentaban para hacerlo, incluso descubriendo un manantial de agua pura en donde otros solo encontraban agua salada.

Un legado vivo en la fe y la tradición

Todos sus trabajos los hacía porque amaba a Dios y por Él se entregaba al bien de los pobres caminantes hacia Compostela. Santo Domingo murió el 12 de mayo de 1109, cuando tenía 90 años, y fue enterrado en el mismo sepulcro que él se había construido. La gente empezó a visitarle pidiéndole toda clase de favores, y muchos salían con el corazón agradecido, atribuyéndosele numerosos milagros, entre ellos el más famoso: el de la gallina que cantó después de asada, recordado hasta hoy en la catedral con un gallinero que mantiene viva esta sorprendente tradición.


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