Beato Ceferino Jiménez «El Pelé»,
Mártir
- 04 de mayo
Nació en Benavent de Segría (Lérida). Era de familia gitana. Como tantos gitanos de su tiempo no pudo ir a la escuela y no aprendió a leer ni a escribir, pero como era inteligente y tenía buena mano, pronto aprendió a manejar el mimbre y la caña y hacer cestas, canastas y utensilios para el campo.
Responsabilidad y vida familiar
Su familia era muy pobre, tanto que a veces la madre tenía que mendigar para llevar algo a casa. Cuando el padre abandonó la casa, fue Ceferino quien tuvo que hacerse cargo de la madre y los hermanos. Se casó a los 18 años, por el rito gitano, con Teresa, el gran amor de su vida, después de Dios. A principios del siglo XX se fue a vivir a Barbastro (Huesca). Allí destacó por su espíritu religioso y por la ayuda a las familias gitanas más pobres que él. No tuvo hijos en su matrimonio, por eso adoptó como hija a la «Pepita», sobrina de su mujer. La hizo ir a la escuela y luego a un colegio de Hijas de la Caridad.
Una fe sencilla y constante
Ya en 1915 se hablaba en Barbastro de la vida de religión que llevaba aquel gitano, se le veía ir a Misa casi todos los días. En 1912 se casó por la Iglesia en una capilla de Lérida, para no llamar la atención.

Caridad y generosidad en la vida diaria
Un día tuvo un encuentro que fortificó aún más su espíritu religioso. Se encontró en la calle con Rafael Jordán, que tenía un ataque de tos por la tuberculosis que padecía. Nadie se atrevía a acercarse por miedo al contagio. El Pelé, no solo se acercó, sino que lo levantó y lo llevó a su casa. Un familiar de Rafael le propuso a Ceferino que hiciese negocios de caballerías con Francia, lo hizo y ganó mucho dinero que él luego repartía entre las familias pobres de Barbastro y de toda la comarca.
Cercanía con los demás
Fue un gran amigo de los niños, los acogía siempre, rezaba con ellos, les explicaba historias de la Biblia, se los llevaba al campo y allí les hacía ver las maravillas de la Creación de Dios, les enseñaba cánticos religiosos.
Entrega tras la pérdida
En 1922 murió su esposa y El Pelé se volcó aún más en el cariño a Teresa, su hija adoptiva. Ésta se casó, tuvo hijos. Ceferino les cedió su casa y él se fue a un piso alquilado. Se apuntó a la Adoración Nocturna, a la Tercera Orden Franciscana y a la Cofradía del Corazón de María.
Testimonio final de fe
El 19 de julio de 1936, al comienzo de la guerra española con persecución de sacerdotes, vio cómo llevaban preso a un sacerdote y él les gritó a los que lo llevaban. Entonces, los republicanos lo arrestaron a él también y lo llevaron a la cárcel, porque le encontraron un rosario en el bolsillo. Con él en la mano lo mataron el 2 de agosto de 1936, cuando gritaba: «¡Viva Cristo Rey!». Fue beatificado por el Papa San Juan Pablo II. Es un gran ejemplo para la raza gitana.
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