Santa Catalina Drexel,
Virgen
- 03 de marzo
Nació en Filadelfia (Estados Unidos) el 26 de noviembre de 1858, hija de un rico banquero, Francisco Drexel. No conoció a su madre, que murió cuando Catalina tenía apenas un mes de vida. Su padre volvió a casarse con Emma Bouvier, quien asumió el papel de madre de manera ejemplar. Era una familia profundamente católica, donde el cristianismo se vivía con intensidad y coherencia cada día.
Sensibilidad ante la pobreza
En su hogar, la caridad no era teoría, sino acción concreta. Su padre presidía asociaciones benéficas y su madrastra visitaba los barrios pobres llevando ayuda y consuelo, acompañada por Catalina y sus hermanas. Desde muy pequeña, Catalina pudo ver de cerca las grandes necesidades de los más vulnerables en Estados Unidos, especialmente de los indios y los negros.
Vocación firme y generosa
Catalina sintió el llamado del Señor a la vida religiosa para servir mejor a los pobres. Aunque su confesor le aconsejó continuar con el bien que ya realizaba, ella sabía en su interior que sería monja. Por eso se consagró totalmente a Dios, prometiendo no casarse nunca.

La educación como camino de justicia
Comprendió que gran parte de la pobreza de indios y negros se debía a la falta de educación. Sin saber leer ni escribir, no podían aspirar a mejores oportunidades. Convencida de que la educación abriría nuevas puertas, comenzó a fundar escuelas en los barrios más necesitados de Filadelfia, utilizando su propio dinero.
Un llamado misionero audaz
Viajó a Roma para ver al Papa, quien la recibió personalmente. Allí pidió a León XIII que enviara misioneros a Estados Unidos. El Papa le respondió que ella misma podía ser misionera. Catalina tomó en serio esas palabras y en 1899 ingresó en las Hermanas de la Misericordia. Dos años después dejó esa congregación y fundó, junto con otras Hermanas, las Hermanas del Santísimo Sacramento para los Indios y los Negros. Su programa era claro: intensa oración ante el Santísimo y dedicación total a los más abandonados. La Iglesia aprobó su Congregación el 25 de mayo de 1913. Continuó fundando escuelas hasta llegar a 60 y creó también la Universidad Javier de Nueva Orleáns para sus estudiantes.
Últimos años y canonización
Cuando sintió que sus fuerzas disminuían, dejó el gobierno de la Congregación y se retiró a una de sus escuelas más sencillas. Allí, en una vida silenciosa y de mucha oración, esperó el encuentro definitivo con Jesús. Murió plácidamente a los 95 años, el 3 de marzo de 1955. Fue canonizada por San Juan Pablo II el 1 de octubre de 2000.
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