San Anselmo de Canterbury

San Anselmo de Canterbury,
Obispo y Doctor de la Iglesia

  • 21 de abril

Nació en Aosta (Piamonte) en el año 1033. Tuvo un padre alejado de la Iglesia y poco atento a su familia, mientras que su madre era una mujer profundamente piadosa y buena hija de Dios. Fue ella quien procuró sembrar en el corazón de Anselmo el amor a Dios desde sus primeros años.

Más tarde, su madre lo confió a la educación de los monjes benedictinos. Allí vivió con fidelidad la vida religiosa y pidió hacerse monje. Sin embargo, el abad se lo negó por no tener el permiso del padre. Ante esta negativa, el ánimo de Anselmo se enfrió; dejó su patria y anduvo errante durante tres años hasta llegar a la abadía de Bec (Francia). Allí, atraído por la fama del prior, pidió ser admitido como monje y lo consiguió.

Monje ejemplar y maestro

Fue un monje ejemplar: atento a la voluntad de Dios, de conducta intachable y entregado al estudio de la teología. Su dedicación y equilibrio hicieron que lo nombraran prior y maestro de los jóvenes monjes. En estos servicios se entregó por completo; se decía de él que era como padre y madre para la comunidad.

Escritor y abad

En esta etapa comenzó a escribir las obras que lo harían famoso. Empezó en Bec y no dejó de hacerlo hasta su muerte. Sus escritos, profundos y bien elaborados, se difundieron por toda Europa.

Cuando murió el abad, los monjes lo eligieron como sucesor. Aunque no deseaba el cargo, la insistencia de la comunidad lo llevó a aceptarlo.

Arzobispo y defensor de la Iglesia

Su amigo Lanfranco, arzobispo de Canterbury, había sido quien lo llevó a la vida monástica. Cuando Lanfranco murió, el nombre de Anselmo fue el primero en pensarse para sucederlo. Así, en marzo de 1093, fue nombrado arzobispo de Canterbury.

Como arzobispo tuvo que enfrentarse al rey, que pretendía someter la Iglesia de Inglaterra a su autoridad. Anselmo no lo aceptó. Viajó a Roma para consultar al Papa y, aunque regresó a Inglaterra, las tensiones continuaron. Volvió nuevamente a Roma, donde otro Papa le confirmó el apoyo necesario para defender la libertad de la Iglesia en su misión de predicar el Evangelio.

Muerte y reconocimiento

Murió el 21 de abril de 1109 en Canterbury, donde fue enterrado. En 1690, Alejandro VIII lo introdujo en la lista de los santos y en 1720 fue declarado Doctor de la Iglesia.


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