Beato Andrés Hibernón

Beato Andrés Hibernón,
Religioso

  • 18 de abril

Nació en Murcia (España), en 1534. Su familia residía en Cartagena, pero como las cosas no les iban muy bien, decidieron trasladarse a Alcantarilla, también en Murcia. En los días del traslado le llegó a la madre la hora de dar a luz y fue hospedada en casa de un hermano que era canónigo de la catedral, hasta que, repuesta la madre, pudo marchar a Alcantarilla.

La niñez y primeros años de juventud los pasó con sus padres, en un ambiente sencillo que marcaría su carácter.

Juventud en Valencia y despertar vocacional

Cuando sus padres pensaron en darle un mejor futuro, lo enviaron a Valencia con un tío suyo. Allí permaneció hasta los veinte años. Durante ese tiempo cuidó una manada de ganado y, en las largas horas en el campo, comenzó a sentir el deseo de entregarse al Señor en la vida religiosa. Tal vez el contacto con frailes franciscanos fue aclarando en él esa inquietud interior.

Un robo que cambió su vida

Al regresar a casa, su tío le entregó una cantidad de dinero por la ayuda prestada. Sin embargo, fue asaltado en el camino y le robaron todo. A partir de ese momento decidió hacerse fraile, convencido de que así tendría un tesoro en el cielo que nadie le podría quitar.

Ingreso en la vida franciscana

Aún no pudo entrar como franciscano, porque debía ayudar a su familia. Aceptó un empleo en Granada, en casa de un señor noble, pero pronto se cansó de esa vida y pidió su ingreso en los franciscanos de Cartagena. Allí lo admitieron y tomó el hábito de San Francisco (4 de octubre) el 31 de octubre de 1556.

Deseaba una entrega más radical y, al saber que San Pedro de Alcántara (19 de octubre) impulsaba una reforma para volver al espíritu original de San Francisco, decidió unirse a ella. Lo hizo en el convento de Elche (Alicante) en 1563, cuando tenía 29 años.

Fraile humilde y cercano

Recorrió muchos conventos reformados y en todos dejó el recuerdo de un fraile humilde, trabajador y lleno de Dios. Era hombre de oración constante, devoto de la Virgen, buen consejero y atento a las necesidades de los demás.

El convento donde pasó los diez últimos años de su vida fue el de Gandía (Valencia). Allí acudían personas de toda condición, desde los más pobres hasta los más influyentes. Nadie se marchaba sin el consuelo de un consejo y una oración. Se cuentan más de cien milagros, unos realizados en vida y otros después de su muerte.

Oración y muerte

Fue un santo de oración continua. Incluso en medio del trabajo interrumpía su labor para elevar el corazón a Dios y unirse a Él.

Murió el 18 de abril de 1602, a los 68 años. Fue enterrado en la iglesia de San Roque de Gandía.
El Papa Pío VI lo beatificó en 1791.


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