Beato Pedro González Telmo

Beato Pedro González Telmo,
Sacerdote

  • 14 de abril

Nació cerca de Palencia (España) hacia el año 1190, hijo de una acomodada familia. Aprendió a leer, escribir y contar en su propia casa, seguramente con un maestro particular. Como destacó muy pronto en la facilidad que tenía para aprender, sus padres lo enviaron a Palencia, porque allí había un Estudio General con muy buena fama, tanto que, al cabo de pocos años, fue la primera Universidad de España.

En Palencia estudió el joven Pedro González, Biblia y Leyes. Pasó al servicio de la catedral por influencia de un tío suyo que era el obispo de la diócesis, quien también lo nombró canónigo y, después, Dean de la catedral.

Una caída que cambió su rumbo

Un día iba Don Pedro González paseando por las calles de Palencia, montado en su caballo y vestido con sus mejores ropas de deán, orgulloso de su figura y siendo la envidia de las gentes que lo veían pasar. Por causas accidentales el caballo se espantó y, haciendo una pirueta inesperada, lanzó al suelo al presumido jinete, con tan mala fortuna que cayó en un lugar lleno de barro y basura.

La risa de todos y la vergüenza que pasó le hizo pensar mucho y decidió retirarse de toda gloria del mundo y entrar como religioso en el convento de dominicos que estaba muy cerca de allí.

Predicador incansable

Siendo ya dominico pensó en imitar en todo a su fundador Santo Domingo de Guzmán (8 de agosto) y, por eso, empezó una vida de predicador por todas las rutas que pudo: Castilla, Galicia, Aragón, Cataluña. En todas partes sus sermones atraían a la gente que, al oírlo, cambiaban su vida para convertirse en mejores cristianos, más amantes y obedientes a la Ley de Dios.

Al servicio del rey

Tanta y tan buena fama tenía que el rey San Fernando de Castilla (30 de mayo) le pidió que le acompañase a la conquista de Sevilla que estaba bajo el dominio musulmán. El Padre Pedro González tenía que preocuparse de las tropas cristianas y atender a sus necesidades espirituales. Y así lo hizo el fraile dominico y estuvo varios años al servicio directo del rey.

El deseo de volver y el milagro en la tormenta

Pero él añoraba su vida dominica y su convento, y pidió permiso al rey para volver a su convento de Santiago y se marchó hacia allí. Pero, tal como acostumbraba, tenía que pararse en los lugares que atravesaba para predicar la Palabra de Dios.

Una vez mientras predicaba estalló una enorme tormenta que asustó a los que lo oían, el sacerdote habló a las nubes y éstas se dispersaron sin estorbar más la predicación. Este milagro dio pie para que se le invoque en las tormentas, sobre todo en las del mar donde son tan peligrosas para los navegantes, que tanto confían en «San Telmo».

Últimos días

Cuando llegó a Tuy, ya no pudo seguir y en aquella ciudad gallega le sorprendió la muerte. Era mediados de abril de 1546.


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