San Pablo le Bao Tinh

San Pablo le Bao Tinh,
sacerdote y mártir

  • 06 de abril

San Pablo es uno de los santos de un grupo muy numeroso que fue canonizado por el Papa Juan Pablo II el 19 de junio de 1988. Son los mártires del Vietnam que sufrieron una larga y cruel persecución.

Vocación temprana y búsqueda interior

Nació en el año 1793 en Trinh-a (Vietnam) en el seno de una familia cristiana y muy piadosa. Al contacto con los misioneros sintió la llamada de Dios para ser sacerdote y entró en el seminario. Fue un buen estudiante y un buen aspirante al sacerdocio, estaba lleno de piedad y ganas de trabajar por Dios.

Cuando le faltaba poco para terminar los estudios, sintió una vocación, un deseo grande, de servir a Dios de otra manera, y salió del seminario para ser ermitaño. Se retiró a un lugar solitario y llevó una vida de contemplación de Dios para adorarlo y alabarlo. Pensaba mucho en Dios, con largas oraciones y penitencias. Estos pensamientos le dieron a entender que hacían falta en su patria muchas personas que ayudaran a extender el Evangelio, la Buena Noticia de que todos estaba salvados por la Muerte de Jesús en la Cruz y por su Resurrección. Cuando lo tuvo seguro, pidió su vuelta al seminario para terminar los estudios.

Misión y primera persecución

El obispo le mandó a una región cercana a la frontera con el país vecino, Laos, para ver si se podía empezar allí una misión. Pablo fue y cumplió su cometido. Pero, mientras tanto había comenzado una persecución contra los cristianos. Pablo fue detenido y llevado a la cárcel por ser misionero. En la cárcel fue interrogado, torturado y declarado culpable de alta traición. Fue condenado a muerte.

No se cumplió la sentencia y fue desterrado a un lugar lejano. Cuando el obispo pudo verlo le dijo que estaba claro que podía ser sacerdote del Señor. Y lo ordenó. Su primer destino fue el mismo seminario donde él había estudiado, lo hicieron maestro de los seminaristas. Allí estuvo nueve años.

Fidelidad hasta el final

Otra vez volvió la persecución y Pablo fue denunciado como cristiano y agente extranjero. Esta vez la sentencia sí que se cumplió porque él no quiso, en ningún momento, renunciar a su fe en Jesús. Fue condenado y decapitado y así terminó su vida de servicio a Dios y a la Iglesia. Era el 6 de abril de 1857.


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