San Ricardo Wych

San Ricardo Wych,
Obispo

  • 03 de abril

Nació en 1197 en Droiwitch (Inglaterra), hijo de los señores de la población. Muy niño aun quedó huérfano de padre, su madre cuidó de su educación y se ve que lo hizo muy bien, puesto que pudo marchar a la Universidad de Oxford. Allí estaba estudiando con todo entusiasmo cuando fue llamado por su madre para que se ocupase de los bienes familiares, porque su hermano mayor no lo hacía nada bien. Ricardo se puso a administrar las fincas de la familia y todo comenzó a ir bien. Al cabo de poco tiempo pudo dejarlo todo arreglado y él volvió a los estudios que era lo que de verdad le gustaba.

Fue a estudiar a París que tenía la Universidad más famosa de Europa.

Amistades decisivas y camino académico

Volvió a Oxford y allí conoció a alguien que tendría una gran influencia en su vida, san Edmundo Rich (16 de noviembre). Quiso completar sus estudios de Leyes y se fue a Bolonia (Italia), a su vuelta a Oxford fue proclamado por sus alumnos y compañeros Canciller de la Universidad. Pero no duró mucho en el cargo porque su amigo san Edmundo lo llamó para que fuese Canciller en su diócesis de Canterbury.

No podía negarse a la petición de su buen amigo y con él estuvo varios años y lo acompañó al destierro en Francia cuando fue castigado por el rey. Allí murió san Edmundo.

Sacerdote entregado a su pueblo

Al quedarse solo en Francia, Ricardo decide ser sacerdote y, en el convento de los dominicos de Orleáns hace los estudios de teología, la ciencia de Dios. Termina en 1242. A su vuelta a Inglaterra es nombrado párroco de Deal y luego de Charing. Allí se vuelca en favor de sus feligreses, predica, confiesa, da la comunión, hace catequesis de mayores y niños, visita y conforta a los enfermos. Es querido por todos.

Obispo en medio de tensiones

Y le llega el nombramiento de obispo de Rochester en medio de una fuerte discusión. El rey quiere a uno y los obispos quieren a Ricardo. Hasta que el Papa, con su autoridad suprema, zanja la cuestión y decide que el obispo sea Ricardo.

En sus nueve años como obispo, Ricardo procuró el bien de la Iglesia de Rochester. Visitó la diócesis, predicó sin parar en los lugares que visitaba, confesaba y atendía a los enfermos. Rezaba con fervor y varias horas al día.

Última misión y paso a la eternidad

El Papa le mandó que anunciase una cruzada para ir a Tierra Santa y él se dispuso a hacerlo, pero, cuando estaba empezando, se sintió muy mal. Solo pudo bendecir una capilla en honor a su amigo san Edmundo y fue llevado al hospital, recibió los santos Sacramentos y entregó su alma al Señor. Era el día 3 de abril de 1253.

A los nueve años fue canonizado por el Papa Urbano IV.


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