San Francisco de Paula,
Ermitaño
- 02 de abril
En Paula (Italia), vivía el matrimonio formado por Santiago Martolilla y Viena de Fuscaldo, llevaban quince años casados y no habían tenido hijos. Los dos rezaban con insistencia a Dios, por medio de san Francisco (4 de octubre), para que le concediese un hijo que llevaría el nombre de Francisco en su honor.
Y así fue: por fin, el 27 de marzo de 1416 nació un niño al que llamaron Francisco, tal como habían prometido. Cuando el niño casi tenía un año, la madre descubrió que tenía en el ojo una mancha que amenazaba con dejarlo ciego. Otra vez acudieron al santo de Asís y otra vez san Francisco acudió en su ayuda curando al niño.
Infancia marcada por la oración
Los padres procuraron educar al niño en el amor a Dios y él aceptaba muy bien las enseñanzas de sus padres y tuvo, desde pequeño, una gran dedicación para la oración. Le gustaba rezar y quedarse a solas con Dios. Prefería la oración al juego.
Cuando tenía 13 años, sus padres cumplieron la promesa que le habían hecho a san Francisco, cuando sanó al niño. Tenía que vivir un año con los franciscanos. Y así se hizo y el muchacho vivió en el convento como un auténtico fraile. Daba ejemplo a todos por la dedicación a la vida religiosa.

Vocación de ermitaño y vida en soledad
Cuando volvió a su casa, hizo un viaje con sus padres a Roma y Asís, que le sirvió para ahondar más en su predilección por Dios. Al volver a casa pidió permiso a sus padres para retirarse a vivir en un rincón de la finca y poder estar más a gusto siempre con Dios. Tenía catorce años y ya empezó así su vida de ermitaño. Tuvo que retirarse a un lugar más solitario y encontró una cueva estrecha donde vivió cinco años. Allí vivía entre oraciones y penitencias.
Fundador y guía espiritual
Pronto comenzó a tener discípulos, gente que, admirada por su vida, quería vivir como él. Tuvieron que construir un convento con su iglesia. Y seguían llegando los discípulos. Francisco tuvo que fundar nuevos conventos y escribir un reglamento para ellos, que luego se convirtió en Regla de una nueva Orden religiosa, los Frailes Mínimos, que fue aprobada por el Papa Alejandro VI en 1493.
Lo llamó el rey de Francisco pidiéndole consejo. Aconsejó también a los Reyes Católicos de España.
Últimos años y reconocimiento de la Iglesia
Francisco de Paula siguió con su vida de retiro y penitencia, llena de oración y cercanía con Dios. Se encontró enfermo y llamó a sus frailes, les dio los últimos consejos y se durmió plácidamente en el Señor. Era el Viernes Santo, 2 de abril de 1507.
A los seis años era beatificado y seis años más tarde, fue canonizado en 1519 por el Papa León X.
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