San Pedro Regalado

San Pedro Regalado,
Sacerdote

  • 30 de marzo

Aunque tardó casi tres siglos en ser canonizado, San Pedro Regalado fue tenido por santo por el pueblo cristiano desde el mismo día de su muerte.

Orígenes y vocación temprana

Había nacido en Valladolid en el año 1390, hijo de Pedro Costanilla y de María la Regalada. De este mote de su madre le viene al santo el apellido.

Siendo todavía un niño de doce o trece años, le encandiló con sus palabras Fray Pedro de Villacreces y se lo llevó con él a vivir la vida franciscana. Este Fray Pedro era un buen fraile que quería reformar la Orden de San Francisco 84 de octubre), quería que se volviese a la vida que ideó el santo de Asís, con pobreza, austeridad y penitencia. En el convento de la Aguilera (Burgos) había empezado dicha reforma y allí empezó su vida religiosa Pedro Regalado.

Modelo en El Abrojo

A los 25 años, Fray Pedro fue enviado a El Abrojo (Valladolid) para que construyera un convento y fuera su superior. Allí se lució Fray Pedro, pues la vida de los frailes del Abrojo fue un modelo y un ejemplo claro de santidad de costumbres. Hasta el mismo rey Juan II, a punto de morir pudo exclamar: «Quien me diera ser un fraile del Abrojo y no rey de Castilla». Porque sabía que siendo fraile de aquella comunidad iría derecho al cielo.

Una vida de penitencia y ejemplo

Fray Pedro Regalado, efectivamente, llevaba una vida de penitencia admirable. Comía muy poco, tenía un cuarto pequeñísimo en el que tan apenas cabía una silla, una mesa y un camastro. Dormía sobre tabla y un tronco por almohada. Dedicaba al sueño muy pocas horas, algunos dicen que con dos horas tenía bastante. En invierno se pasaba mucho frío y un calor sofocante en verano.

Fray Pedro salía de su convento para predicar en toda la comarca de la ribera del Duero. Siempre era su ejemplo, más que su palabra, lo que orientaba a las gentes hacia Dios.

Muerte y reconocimiento

Su cuerpo no pudo soportar tantas penitencias y murió dulcemente el 30 de marzo de 1456 en su primer convento de La Aguilera (Burgos). Allí fue el pueblo a venerar su cuerpo y rezar para conseguir, por él, la bendición de Dios. Y así fue durante más de dos siglos, hasta que fue beatificado en 1683 y canonizado por Benedicto XIV, en 1746.


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