San Epafrodito
- 22 de marzo
En Filipos, una ciudad de Tracia (región entre la actual Turquía y Grecia), había nacido una comunidad cristiana por la predicación de San Pablo. Allí querían mucho al Apóstol porque había sido él el primero en llevar el Evangelio hasta su casa. Los miembros de la comunidad se enteraron de que Pablo estaba preso y arrastraba sus cadenas desde hacía mucho tiempo. Decidieron ayudarle y recogieron para él algunos regalos. Como mensajero convencieron a Epafrodito para que fuese hasta Pablo, le ofrecieron sus obsequios y se quedara con él para ayudarle en todo lo que hiciera falta.
Un joven dispuesto a servir
Epafrodito debía ser un joven fuerte y sano, con pocos años como cristiano y que tenía unas ganas enormes de ser útil a cualquiera, mucho más a Pablo a quien había oído y por cuya palabra sabía que su comunidad seguía la fe en Jesús.
Así que, muy contento, emprendió el viaje y llegó hasta donde estaba el Apóstol. Pablo lo recibió con mucha alegría por ver que le mandaban un buen ayudante y por los regalos. No sabemos lo que era, pero se puede creer que sería o ropa, o comida, o dinero. Todo le venía bien a quien tenía falta de todo. Porque San Pablo nunca pedía dinero para seguir con su predicación por todas partes, él procuraba vivir de su trabajo. Pero si le daban algo servía para ayudar a las comunidades más pobres. En este caso el más pobre era él.

Enfermedad y fidelidad
Epafrodito, tal como le habían dicho, se quedó con Pablo y fue su ayudante más efectivo. Su nombre significa «amable» y lo fue mucho para San Pablo. Pero le vino una grave enfermedad que casi lo hace morir. Entonces Pablo se convirtió en su enfermero, lo cuidó y lo atendió tan bien que Epafrodito pudo curarse y, aunque quedó muy débil durante una temporada, volvió a ser el joven sano y alegre que siempre había sido.
Mensajero de una carta inolvidable
Una vez curado, Pablo pensó que ya había trabajado bastante con él, además quería que los cristianos de Filipos supieran que ya estaba bien y lo mandó, de vuelta a su comunidad, con una carta preciosa que escribió para ellos. Es la Carta a los Filipenses. En ella les da las gracias por la ayuda que recibió con Epafrodito y también agradece los regalos que le mandaron. Anima mucho a aquellos buenos cristianos para que conserven y aumenten la fe en Jesús, «que se entregó a la muerte por todos, y una muerte de cruz».
Ya no sabemos más de Epafrodito. Su figura ha quedado como el colaborador del apóstol San Pablo. En ayudante «amable» es un modelo para todos los que prestan su ayuda a la labor de la Iglesia.
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