San Nicolás de Flue

San Nicolás de Flue,
Padre de Familia

  • 21 de marzo

El patrón de Suiza nació en 1417 en Flüeli, cerca de Sachseln (Suiza). Hijo de un campesino, Enrique, que llegó a formar parte del gobierno de la región y de su esposa Emma Ruebert.

No pudo aprender nada de niño, pero un monje benedictino le enseñó a amar a Dios sobre todas las cosas.

Familia, servicio y responsabilidad

No se decidió por la vida religiosa, sino que contrajo matrimonio con Dorotea Wyss, con la cual tuvo 10 hijos: cinco niñas y cinco niños. Formaban una familia unida y feliz. Nicolás llamaba la atención de sus vecinos por su carácter pacífico y lleno de buenas intenciones. Su opinión en el pueblo era siempre bien oída. Tanto lo apreciaban sus vecinos que lo eligieron como consejero y juez regional y, más tarde, representante de la región en el parlamento nacional.

Soldado con espíritu de paz

Durante 27 años, desde 1433 hasta 1460, le mandaron estar en el ejército. Allí aumentó su fama de hombre pacífico, atento a los heridos, al cuidado de los enemigos, defensor de las mujeres y los niños, protector de los conventos e iglesias. En cuanto pudo hacerlo, renunció a su alto puesto militar y volvió a su casa.

Pero habían sido demasiados años como militar. Deseaba, con todas sus fuerzas, entregarse a Dios. Pero eso no lo podía hacer sin el permiso de su esposa Dorotea. Ella, como estaba acostumbrada a vivir sin él y como tenía la ayuda de sus hijos mayores, le dio permiso para vivir como él quisiera.

El retiro del «Hermano Nicolás»

Lo primero que hizo fue marcharse a Alemania, allí había unos grupos de buena gente que se llamaban «los amigos de Dios» y que querían vivir siempre unidos completamente al Señor. Probó aquello, pero no le gustó y volvió a su tierra. Buscó un sitio para vivir la vida en solitario, dedicado solo a rezar y hacer penitencia; lo encontró cerca de su pueblo. Sus paisanos le hicieron una ermita para vivir y una capillita para rezar y allí se quedó el «Hermano Nicolás» como le gustaba que le llamaran.

Consejero y padre de la patria

Suiza vivía por entonces unas situaciones muy difíciles de poca paz y mucha guerra. Las autoridades acudían a Nicolás y siempre les daba el consejo preciso para que los asuntos marchasen bien. También por tres veces tuvo que salir de su retiro para poner paz en algunas ciudades donde estaba a punto de romperse. Tanto bien hizo, que le llamaron «El padre de la patria».

Ya nunca más abandonó su ermita. El pueblo lo tenía como un santo y, cuando murió el 21 de marzo de 1487, comenzó un culto sencillo y agradecido. El Papa Pío XII lo canonizó y proclamó Patrono de Suiza, el 15 de mayo de 1947.


Descubre más desde Parroquia El Espíritu Santo

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.