Santa Fotina,
La Samaritana
- 20 de marzo
La vida de Santa Fotina (Iluminada) se resume en un precioso diálogo que mantuvo con Jesús junto al pozo de Jacob. El nombre de Fotina se saca de una imagen pintada que está actualmente en la iglesia griega que rodea el pozo.
Junto al pozo de Jacob
Un día Jesús estaba cansado de andar por los pueblos predicando. Mandó a sus discípulos a comprar comida al pueblo de Siquem que estaba muy cerca y él se quedó descansando junto al pozo de Jacob. Allí llegó en aquel momento una mujer del pueblo, una samaritana, dispuesta a sacar agua.
Jesús le dijo: «Dame de beber». La mujer se quedó asombrada, porque los judíos y los samaritanos no se hablaban, ya que estaban reñidos los unos con los otros desde hacía mucho tiempo. Por eso la mujer se quedó parada.

Un diálogo que transforma
Poco a poco fueron hablando y Jesús le fue indicando cómo vivía ella, qué hacía y más cosas. La samaritana escuchaba con toda atención lo que decía Jesús: que Él podía darle un agua muy especial, que se podía rezar a Dios en cualquier parte. Se daba cuenta de que acertaba en todo, hasta que llegó un momento en que le dijo al Señor: «Yo sé que va a venir el Mesías, cuando venga nos lo explicará todo». Y Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo».
De oyente a mensajera
La samaritana ya no pudo más, se dejó el cántaro y la cuerda en el pozo y se fue corriendo al pueblo y allí, a todo el que encontró le dijo que había hablado, junto al pozo, con un hombre que parecía un profeta por todo lo que le había dicho y que a ella le parecía que podría ser el Mesías. Los del pueblo se fueron al pozo para ver a aquel hombre que decía la mujer.
Fueron hasta allí y hablaron con Jesús. Tanto hablaron que lo convencieron para que se quedase en el pueblo. Así ocurrió y al cabo de los días le decían todos a la mujer del pozo: «Ahora ya no creemos en Jesús por lo que tú decías. Ahora hemos comprobado por nosotros mismos que Jesús es verdaderamente el Salvador del mundo».
La luz descubierta
Todo este relato nos lo cuenta San Juan en el capítulo cuarto de su Evangelio. Seguramente la samaritana no se llamaba Fotina pero el nombre le cae muy bien, porque descubrió en Jesús la Luz y la Vida del mundo.
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