San Heriberto de Colonia,
Obispo
- 16 de marzo
Era hijo de los condes de Eirichgau (Alemania), Hugo y Tietvidis. Noble familia, de la cual salieron, además de Heriberto, otros dos obispos.
Nació en el año 970, y sus padres lo llevaron, para ser educado, a la escuela de la catedral de Worms. Allí estudió junto a los hijos de otras familias nobles, así se aseguraban sus padres que tendrían una buena educación cristiana y luego serían unas buenas personas dedicadas a la política. Pero con Heriberto se equivocaron, ya que él comenzó pronto a preferir el servicio de Dios que el de los señores. Y se dirigió al monasterio de Gorze, famoso por la dureza de vida que llevaban allí los monjes.
Entre el monasterio y la responsabilidad pública
Pidió la entrada en el monasterio y se la concedieron, pero duró muy poco allí, ya que su obispo, enterado de las buenas cualidades que tenía, lo llamó para que estuviera cerca de él. Fue nombrado canónigo de la catedral y, poco tiempo después, ayudante de la capilla real. Se ordenó sacerdote en el año 995, cuando tenía 25 años. Pronto se fijó en él el rey Otón III, que después sería emperador, y lo nombró Canciller del imperio para Italia. Nombrado obispo de Würzburg, renunció al cargo para que lo fuese su hermano Enrique. Lo volvieron a nombrar obispo, esta vez de Colonia, y ya no pudo negarse. Fue consagrado en el año 999.

Un pastor cercano y misionero
Se dedicó plenamente a su diócesis, viajando para conocer todas sus poblaciones, atendiendo a los pobres, fundando monasterios en los que se alabase plenamente a Dios y, además, todas las misiones que el emperador le encargaba le salieron muy bien, como la creación de la diócesis de Bamberg o el poner paz en Luxemburgo.
Hermandad y reconciliación
Tuvo alguna discusión con su hermano, sobre la sucesión al trono del emperador, pero los dos santos hermanos se reconciliaron muy pronto: solo tuvieron que verse y hablarse una vez, para que la amistad volviera a reinar entre los dos.
Un deseo que permaneció hasta el final
Vivió siempre pensando que, en cuanto pudiese, se retiraría a la vida del monasterio que había sido su deseo desde su juventud y que nunca pudo lograr. Por eso mandó que su cuerpo fuese enterrado en el monasterio de Deutz, que él mismo había fundado. No lo pudieron hacer cuando murió, el 16 de marzo de 1021. 25 años más tarde fue canonizado y su cuerpo fue trasladado en el siglo XII al lugar que él había elegido.
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