Santa Matilde

Santa Matilde,
Reina

  • 14 de marzo

Fue hija del conde Teodorico de Westfalia y de Reinhilda, noble danesa. Nació hacia el año 892. Desde muy pequeña se observaron en ella muy buenas cualidades, por lo que sus padres decidieron que fuese educada por una abuela suya, que también se llamaba Matilde, que era abadesa de un monasterio de monjas. Y allí pasó Matilde los años de su infancia y principio de su juventud. Naturalmente en el monasterio solo aprendió buenas costumbres, a estar con Dios, a tener siempre en cuenta a los pobres y a los que sufren, a saber estar con toda clase de gente.

Un encuentro que cambió su destino

Un día un joven entró a rezar a la iglesia del monasterio donde estaba Matilde, la vio y le pareció muy hermosa, se lo comentó a un amigo suyo y a éste le pasó lo mismo. Resultó que era Enrique de Sajonia que, al poco tiempo, la pidió en matrimonio. Se celebró la boda y la pareja resultó ser muy feliz. Se dedicaban a hacer el bien y atender a los pobres. Tuvieron cinco hijos, todos buenos. Uno de ellos llegó a ser santo canonizado: San Bruno de Colonia.

Reina y ejemplo para toda la corte

Su esposo Enrique fue elegido rey de Alemania en el año 919, Matilde siguió siendo el modelo para toda la corte real. Daba buenos consejos a su marido, atendía a los necesitados, siempre se la veía prudente y amante de la paz, fundó hasta cinco monasterios para que fuesen centros de paz para el espíritu y un foco de cultura para iluminar a todos.

La reina Matilde era un ejemplo para todos los que la conocían, se la veía muchas horas en la capilla rezando, tanto de día como de noche. Cuando iba a morir su marido, en el año 936, dejó muy claro a todos que Matilde había sido la luz de su vida, el consuelo y el amor entrañable.

Viudez y entrega generosa

Cuando se quedó viuda se dedicó con todas sus fuerzas a hacer el bien y ayudar a los pobres. Toda su fortuna la fue gastando en obras de caridad. Tanto gastaba que sus hijos decidieron quitarle la administración de su dinero.

Retiro y últimos años

En el año 962, su hijo Otón fue coronado en Roma, por el Papa, emperador del Sacro Imperio. Matilde se retiró al monasterio de Quedlinburgo y allí recibió la visita de su hijo el emperador. Fue una gran satisfacción para ella.

En enero de 968 se sintió enferma y llamó a su hijo y a su nieto Guillermo, que era arzobispo de Maguncia, y se confesó con él, recibió la comunión y la Unción de los enfermos. Murió santamente y fue enterrada junto a su esposo Enrique. Desde allí, voló a Dios, que la recibió en el cielo.


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