Santa Francisca Romana

Santa Francisca Romana,
Viuda

  • 09 de marzo

Fue una mujer excepcional, pues pasó por todos los estados de vida: soltera, casada, viuda y religiosa. En cada uno de ellos destacó por un amor inagotable a Dios, que la impulsaba a buscar la perfección en cualquier circunstancia.

Infancia y vocación temprana

Nació en Roma en 1384, en el seno de una familia noble. Desde pequeña recibió de sus padres una sólida formación cristiana: fe en Cristo, esperanza en el cielo y amor a todos los hombres redimidos por Jesús en la Cruz. A los once años ya había decidido hacerse monja, convencida de que quería entregar su vida por completo a Dios.

Matrimonio y maternidad

Sin embargo, sus padres tenían otros planes. A los trece años le comunicaron que debía casarse con el joven noble Lorenzo Ponciani. Francisca aceptó esta decisión como voluntad de Dios. La boda se celebró en 1397. Fue una esposa entregada y amorosa, y cuando llegaron los hijos, vivió la maternidad con profunda dedicación. Sufrió intensamente la muerte de sus dos hijos menores, pero ofreció ese dolor a Dios. Solo le quedó el hijo mayor, a quien procuró formar en una auténtica vida cristiana.

Caridad en medio de la adversidad

Siempre que sus deberes se lo permitían, se dedicaba a la oración, a ayudar a los pobres y a servir como enfermera en un hospital cercano. Le tocó vivir tiempos muy difíciles: el Papa estaba en Aviñón, las familias nobles luchaban entre sí y Roma sufría asedios. Su esposo fue gravemente herido y nunca se recuperó. Su hijo fue secuestrado, y la casa familiar destruida. En medio de tantas pruebas, Francisca se mantuvo firme, apoyada en la oración ante Jesús crucificado.

Viudez y vida religiosa

En 1435 murió su esposo. Entonces pudo seguir la inspiración que había guardado en el corazón durante años: consagrarse plenamente a Dios. Junto con varias amigas comenzó a vivir en comunidad, entregadas a una vida religiosa como Oblatas Benedictinas, sin romper del todo con sus familias. Así vivió sus últimos años.

Muerte y reconocimiento

Murió el 9 de marzo de 1440, dejando ejemplo de todas las virtudes. Fue canonizada por Pablo V el 29 de marzo de 1608. Recibió el apellido de Romana por ser modelo para los habitantes de la Ciudad Eterna.


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