San Olegario,
Obispo
- 06 de marzo
Nació en Barcelona en el año 1060. Hijo de un gran caballero de la corte del conde Ramón Berenguer I, fue educado junto a los hijos del conde en el palacio. Primero su madre y luego los preceptores de la corte le enseñaron las virtudes cristianas y humanas necesarias para quien estaba llamado a ser caballero. Sin embargo, cuando sus padres lo confiaron a la catedral para ser formado por los canónigos, en el corazón del joven Olegario nació un deseo más grande: quería ser completamente de Dios. Decidió ser Canónigo Regular e ingresó en el monasterio de San Adrián.
Vida monástica y primeros cargos
Se adaptó plenamente a la vida monástica y destacó por su ejemplo constante en las buenas obras. Su fidelidad y entrega hicieron que en 1096 fuera elegido prior de la casa.
De monje a obispo
A los pocos años renunció a su cargo y se trasladó al monasterio de San Rufo, en Francia, donde vivió como un monje más. También allí reconocieron su santidad y sabiduría, y fue elegido abad. Más tarde, por influencia de la esposa del conde de Barcelona, fue propuesto como Obispo de Barcelona. No quiso aceptar, pero el Papa se lo ordenó.

Pastor y arzobispo
Como obispo trabajó por la paz en la diócesis, predicó a todos, ayudó a pobres y enfermos y gobernó con justicia. Tras la conquista cristiana de Tarragona, fue nombrado arzobispo de esa sede, con la alegría del Papa Gelasio II, que lo conocía bien.
Misiones y viajes importantes
Vivió años de intensa actividad: viajó a Francia para reuniones episcopales, asistió en Roma al Concilio de Letrán, fue nombrado Legado pontificio para toda España y acompañó al conde Ramón Berenguer en expediciones contra los musulmanes de Lérida y Tortosa. También logró concluir las obras de la catedral de Tarragona.
Peregrino en Tierra Santa
Realizó un viaje a Tierra Santa que lo llenó de consuelo. Allí rezó en lugares sagrados como Jerusalén, Belén, Betania y Cafarnaúm. De regreso pasó por San Rufo, renovando los ideales que habían marcado su vida.
Últimos años y reconocimiento
Su profunda piedad era conocida por todos. Seguía siendo apoyo de los pobres y hombre de oración constante. Antes de morir, ya anciano y enfermo, entregó todas sus posesiones a la Iglesia de Tarragona. Falleció el 6 de marzo de 1136 y fue sepultado en la catedral de Barcelona. Fue confirmado como santo el 25 de marzo de 1675.
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