La Divina Misericordia

La Divina Misericordia,
Festividad

  • Segundo domingo de Pascua

Esta fiesta tuvo su origen en el año 2000, durante la canonización de Santa Faustina Kowalska. En ese momento, San Juan Pablo II declaró: «así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de ‘Domingo de la Divina Misericordia’». Con esta proclamación, la Iglesia dio un lugar especial a este mensaje dentro del calendario litúrgico. Desde entonces, se celebra como una invitación a confiar en el amor misericordioso de Dios.

Las revelaciones a Santa Faustina

La base de esta fiesta se encuentra en las revelaciones privadas que recibió Santa Faustina entre 1931 y 1938. En ellas, Jesús se le aparecía y le pedía difundir su Divina Misericordia al mundo. Todo lo que vivió fue escrito por ella en un diario compuesto por varios cuadernos. En estos escritos se recogen experiencias, oraciones y mensajes que reflejan una profunda espiritualidad. Su contenido ha sido clave para comprender el sentido de esta devoción.

La visión del ángel y la oración confiada

En Vilna, el viernes 13 de septiembre de 1935, Santa Faustina relata una experiencia impactante vivida en su celda. Describe la presencia de un ángel que ejecutaba la justicia divina, acompañado de signos de fuerza y poder. Ante esta visión, ella comienza a suplicar por el mundo con insistencia. En ese momento, descubre que la oración confiada puede interceder incluso ante situaciones difíciles.

La oración que brota del corazón

Durante esa misma experiencia, surgen en su interior palabras que dirige a Dios con profunda fe: «Padre Eterno, yo te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, por nuestros pecados y los del mundo entero». Y continúa: «Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros». Esta oración expresa una entrega total y una confianza plena en la misericordia divina. A través de ella, se reconoce el valor redentor del sacrificio de Cristo.

La enseñanza de la oración constante

Al día siguiente, Santa Faustina escucha una indicación interior clara sobre esta oración. Se le pide que la rece de manera constante y que la difunda como un medio para alcanzar misericordia. También se le enseña una forma concreta de rezarla utilizando el rosario. Entre las palabras que escucha están: «Cada vez que entres en la capilla, reza enseguida la oración que te enseñé ayer» y «Esta oración que sirve para aplacar mi santa ira, la rezarás durante nueve días, con un rosario común». Así nace una práctica espiritual que invita a la perseverancia en la oración.

La novena a la Divina Misericordia

En agosto de 1937, en Cracovia, Santa Faustina recibe la indicación de preparar una novena como camino hacia esta fiesta. En ella se propone ofrecer cada día diferentes intenciones, confiando en la misericordia de Dios. Jesús le expresa: «Deseo que durante esos nueve días traigas a las almas al manantial de mi Misericordia». Esta invitación muestra el deseo de acercar a todos al amor de Dios. La novena se convierte así en una práctica que fortalece la fe y la esperanza en medio de las dificultades.


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