San Isidro Labrador,
Seglar
15 de mayo
Choca que un santo labrador sea el Patrón de Madrid, una gran ciudad que queda muy lejos de todo lo que es la vida sencilla y pacífica del campo. Pero así son las cosas y este santo, por ser madrileño de nacimiento y por haberse hecho santo en los campos de Madrid, es su Patrón desde el 14 de abril de 1619.
Orígenes humildes y formación en la fe
Nació en Madrid el año 1080, cuando el pueblo que era entonces estaba recién conquistado a los moros por el rey Alfonso VI. Fue bautizado a los pocos días en la parroquia de San Andrés y fue educado por sus padres, Isidro de Merlo y Quintana, quienes, aunque no podían pagarle una escuela, supieron inculcarle muy bien las virtudes cristianas que marcarían toda su vida.
Trabajo silencioso y vida de oración
Desde joven se dedicó a las labores del campo y cultivaba las tierras de un señor de la nobleza, don Juan de Vargas. Como Isidro era de carácter tímido y callado, sin decir nada a nadie se levantaba antes de salir el sol para poder ir a Misa y visitar las iglesias antes de empezar el trabajo, lo que provocaba que sus compañeros lo acusaran de no trabajar lo suficiente, aunque en realidad cumplía con esfuerzo y sacrificio cada jornada.

Pruebas, familia y perseverancia
Cuando los almorávides conquistaron Madrid, Isidro tuvo que huir y se fue a Torrelaguna, donde se casó con Santa María de la Cabeza (9 de septiembre) y tuvo un hijo. Allí trabajaba para otro patrón con gran esfuerzo, pero nuevamente fue acusado de rezar mucho y trabajar poco, lo que hizo que su amo le impusiera más obligaciones, las cuales él soportaba con paciencia y responsabilidad.
Regreso y reconocimiento
A los pocos años pudo volver a Madrid junto con su familia y retomó el trabajo en las tierras de don Juan de Vargas. Esta vez, su patrón, que ya lo conocía, pudo comprobar la honradez y diligencia que ponía en su trabajo, por lo que ya no hicieron mella en él las acusaciones que otros labradores presentaban contra Isidro.
Caridad y vida espiritual
Su caridad con los pobres iba en aumento, pues del jornal que recibía hacía tres partes: una para la Iglesia, otra para los pobres y la tercera para su familia, conformándose muchas veces con muy poco e incluso compartiendo lo suyo con quienes más lo necesitaban. Su devoción a la Eucaristía lo llevó a fundar una cofradía para que las celebraciones fueran cada vez más dignas y solemnes.
Un legado que permanece
La tradición del pueblo le aplica a san Isidro muchos milagros, considerados como expresiones del cariño de quienes lo han admirado a lo largo del tiempo. Fue canonizado por el Papa Gregorio XV el 12 de marzo de 1622, y el Papa Juan XXIII lo declaró Patrón de los agricultores, consolidando así su legado como un ejemplo de fe vivida en lo cotidiano.
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