San Juan de Ávila,
Sacerdote
- 10 de mayo
Nació el 6 de enero de 1499 en Almodóvar del Campo (España). A los 13 años se trasladó a Salamanca para estudiar Leyes: quería ser abogado. En Salamanca estudió durante 4 años, luego regresó a Almodóvar y llevó una vida normal de muchacho de pueblo. Sintió la llamada del Señor para ser sacerdote y comenzó los estudios en la Universidad de Alcalá en el año 1520. Quería ordenarse sacerdote y marchar a las Indias (América) como misionero.
Primeros pasos en su vocación
Celebró su primera Misa en 1526 en su pueblo y la ofreció por sus padres que ya habían muerto. Casi inmediatamente viajó a Sevilla porque de allí salían los barcos para América. Quería embarcar porque ya se había ofrecido al obispo de Tlaxcala (México), pero el arzobispo de Sevilla no le dejó salir y le hizo quedarse en la ciudad, marcando así un giro importante en su camino.
Un predicador que deja huella
Después de 18 años dejó Sevilla y se marchó a Córdoba. Ya tenía fama de gran predicador y el obispo le pidió que le ayudara a mejorar la vida de los cristianos. En Córdoba empezó a tener amistad con fray Luis de Granada, el gran predicador dominico y escritor de fama universal, con quien compartiría misión y visión pastoral.

Encuentros que transforman vidas
En 1537, predicando en Granada, tuvo un fruto muy grande: se convirtió en muy buena persona nada menos que Juan Ciudad, un portugués aventurero que después sería san Juan de Dios (8 de marzo), mostrando el impacto profundo de su predicación en quienes lo escuchaban.
Impulsor de la educación
Comenzó sus fundaciones de colegios, residencias y universidades con fray Luis de Granada en 1538. Después vendrían las fundaciones de las Universidades de Baeza, Estudio General de Córdoba, Colegio de Santa Cruz en Jerez, San Nicasio en Priego y así hasta 15 colegios. San Francisco de Borja (3 de octubre) habla con él y le expone sus deseos de abandonarlo todo para hacerse jesuita.
Prueba en la enfermedad
Las enfermedades comienzan a aparecerle en 1551 y ya no lo abandonarán, limitando poco a poco su actividad. Por ellas no puede acompañar al arzobispo de Granada al Concilio de Trento. Se retira a Montilla porque los achaques no le dejan ya salir a predicar como había hecho desde que era sacerdote, y allí llevó una vida de oración, estudio, confesionario y la poca predicación que sus fuerzas le permitían.
Un referente para su tiempo
Todos los grandes santos de su época se escriben con él. Las cartas son testimonio de lo mucho que querían al Maestro Juan de Ávila y reflejan la influencia espiritual que ejercía incluso a la distancia.
Una vida entregada hasta el final
Después de una predicación intensa, murió el 10 de mayo de 1569. Fue canonizado en 1970 por el Papa Pablo VI, reconocimiento a una vida completamente entregada al servicio de Dios y de la Iglesia.
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