San Pedro de Tarantasia

San Pedro de Tarantasia,
Obispo

  • 8 de mayo

Pedro nació en el año 1098, el mismo en que se fundó la Orden del Císter a la que pertenecería. La familia vivía en la región de Saboya (Italia). Era de posición media, ni rica ni pobre, encargada de una gran finca en el campo. Eran cuatro hermanos: al mayor lo dedicaron al estudio y el segundo, Pedro, tenía que trabajar en el campo. A Pedro no le gustaba el campo, él prefería estudiar; más aún, con la buena educación que le había dado su madre en las costumbres cristianas, él había decidido ser sacerdote.

Ingreso y vida en el monasterio

Con el permiso de sus padres, ingresó en el monasterio cisterciense de Bonaval (Francia). Allí fue acogido con gran alegría de los monjes que ya lo conocían. Comenzó su vida monástica con todo entusiasmo y procuró siempre seguir con exactitud y amor todas las reglas de la orden del Císter. Llegó a convencer, primero a su hermano mayor para que entrase en el monasterio y luego logró que su madre y su hermana fuesen a un monasterio femenino. Luego, más tarde consiguió que su padre y su hermano menor también fueran monjes en Bonaval.

Fundación y liderazgo en Tamié

Como el monasterio tenía mucha vitalidad pensaron hacer una nueva fundación en Tamié en los montes Alpes. Mandaron allí a Pedro para presidir la nueva comunidad. Fue un acierto. Pedro hizo bien todo lo que tenía que hacer. Pedro iba adquiriendo fama y buen nombre como hombre de Dios, lleno de virtudes, por toda la comarca.

Llamado al episcopado

Por eso, cuando murió el obispo de Tarantasia (Italia) se eligió al abad Pedro como nuevo arzobispo. A pesar de que él no quería, tuvo que aceptar el cargo por imposición de sus superiores de la orden del Císter y del propio san Bernardo (20 de agosto).

Deseo de vida contemplativa

Como arzobispo añoraba su vida en el monasterio. Deseaba vivir a solas con Dios, unido con Él por la oración. Por eso trazó un plan secreto, abandonó la diócesis sin que nadie se enterase y llegó a un monasterio desconocido, pidió la entrada en él y, como si comenzase la vida monástica, se dedicó a las tareas más humildes. Hasta que fue descubierto, por casualidad, por uno de sus diocesanos.

Servicio y últimos años

Tuvo que volver a Tarantasia y seguir la vida de arzobispo que él mismo se había propuesto. Esta vez tuvo que hacer de pacificador entre los nobles de su diócesis. Incluso tuvo que mediar entre el emperador Federico y el Papa Alejandro III. Anciano y agotado entregó su alma a Dios a los 33 años de obispo. Murió el 14 de septiembre de 1174. El pueblo lo declaró santo muy pronto y el Papa Celestino III puso su fiesta el 8 de mayo.


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