Jueves, 23 de abril de 2026

📖 PRIMERA LECTURA

Libro de los Hechos de los Apóstoles (8, 26-40)

En aquellos días, un ángel del Señor le dijo a Felipe: “Levántate y toma el camino del sur, que va de Jerusalén a Gaza y que es poco transitado”. Felipe se puso en camino. Y sucedió que un etíope, alto funcionario de Candaces, reina de Etiopía, y administrador de sus tesoros, que había venido a Jerusalén para adorar a Dios, regresaba en su carro, leyendo al profeta Isaías. Entonces el Espíritu le dijo a Felipe: “Acércate y camina junto a ese carro”. Corrió Felipe, y oyendo que el hombre leía al profeta Isaías, le preguntó: “¿Entiendes lo que estás leyendo?” El le contestó: “¿Cómo voy a entenderlo, si nadie me lo explica?”

Entonces invitó a Felipe a subir y a sentarse junto a él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo, era éste: Como oveja fue llevado a la muerte; como cordero que no se queja frente al que lo trasquila, así él no abrió la boca. En su humillación no se le hizo justicia. ¿Quién podrá hablar de su descendencia, puesto que su vida ha sido arrancada de la tierra? El etíope le preguntó a Felipe: “Dime, por favor: ¿De quién dice esto el profeta, de sí mismo o de otro?” Felipe comenzó a hablarle y partiendo de aquel pasaje, le anunció el Evangelio de Jesús.

Siguieron adelante, llegaron a un sitio donde había agua y dijo el etíope: “Aquí hay agua. ¿Hay alguna dificultad para que me bautices?” Felipe le contestó: “Ninguna, si crees de todo corazón”. Respondió el etíope: “Creo que Jesús es el Hijo de Dios”. Mandó parar el carro, bajaron los dos al agua y Felipe lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El etíope ya no lo vio más y prosiguió su viaje, lleno de alegría. En cuanto a Felipe, se encontró en la ciudad de Azoto y evangelizaba los poblados que encontraba a su paso, hasta que llegó a Cesarea.

📖 SALMO RESPONSORIAL

Tu salvación, Señor, es para todos. Aleluya.

Naciones, bendigan a nuestro Dios, hagan resonar sus alabanzas, porque él nos ha devuelto la vida y no dejó que tropezaran nuestros pies.

Cuantos temen a Dios, vengan y escuchen, y les diré lo que ha hecho por mí; a él dirigí mis oraciones y mi lengua le cantó alabanzas.

Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica, ni me retiró su gracia.

📖 EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Juan (6, 44-51)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre, que me ha enviado; y a ese yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Todos serán discípulos de Dios. Todo aquel que escucha al Padre y aprende de él, se acerca a mí. No es que alguien haya visto al Padre, fuera de aquel que procede de Dios. Ese sí ha visto al Padre. Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo, murieron. Este es el pan que ha bajado del cielo para que, quien lo coma, no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida”.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

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✒️REFLEXIÓN. Si comes de este pan, vivirás para siempre

Si recordamos que, para los antiguos hebreos, “carne” es uno de esos sustantivos que expresan la “persona” en su totalidad, podríamos entender esta frase como: “El pan que yo les doy soy yo mismo, es mi vida, donada para la vida del mundo”. La vida entera de Jesús es una entrega permanente, total, absoluta. Su vida (tiempo, energías, sueños, cuerpo) es una vida entregada.

Descubrimos esa entrega en cada página del evangelio, vivida cotidianamente, y hasta las últimas consecuencias. A esa autodonación, a ese ponerse en manos del otro, llamamos “amor”. Si ser cristiano es vivir en el amor (en el amor de Jesús) tenemos que afirmar que no se puede ser cristiano sin la misma entrega. Día a día, sin importar las consecuencias. La pregunta que nos hacemos es sencilla, arrasadora: ¿Estoy dando mi vida, mi tiempo, mi carne para la vida del mundo?

🙏🏼 ORACIÓN

Señor Jesús, pan de vida, alimenta mi fe y permíteme permanecer junto a ti en cada paso de mi vida.

Te entrego mi propósito de contemplar la imagen del Padre en cada una de tus obras y de escuchar en tus palabras el mensaje que Dios Padre tiene para mí. Amén.

Buenos días 😊

Sea alabado y reverenciado en todo momento el Santísimo Sacramento del altar.
María, Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.

😇 SANTO DEL DÍA


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