La Madre que camina con nosotros

María Auxiliadora no es solo un nombre bonito ni una advocación más dentro de la Iglesia. Es una forma muy concreta de experimentar a María como Madre cercana, valiente y presente, especialmente en los momentos difíciles. Su título significa literalmente «la que auxilia», la que sale al encuentro cuando parece que ya no hay salida.

Esta devoción nace con fuerza en el siglo XIX, en tiempos de grandes cambios y crisis para la Iglesia y para la sociedad. Fue san Juan Bosco quien impulsó con pasión el amor a María Auxiliadora, convencido de que ella había hecho todo en su obra y que seguiría cuidando especialmente a los jóvenes. Para Don Bosco, María no era lejana ni silenciosa: era una Madre activa, alegre y comprometida con la vida de sus hijos

María Auxiliadora es la Virgen que sostiene, anima y defiende. Es la que acompaña sin juzgar, la que empuja a levantarse cuando uno cae y la que recuerda que Dios nunca abandona a los suyos. Por eso su imagen suele mostrarnos a María firme, serena y luminosa, con el Niño Jesús en brazos, como signo de esperanza y protección.

Para los jóvenes, María Auxiliadora es un ejemplo claro de confianza y valentía. Ella enseña que decirle «» a Dios no quita la alegría, sino que la multiplica. Invita a vivir la fe con entusiasmo, a creer en los sueños grandes y a no tener miedo de comprometerse con el bien, incluso cuando cuesta.

Hoy, María Auxiliadora sigue siendo una presencia viva en la Iglesia, en las familias, en las parroquias y en los patios donde los jóvenes se encuentran. Es la Madre que cuida, la Maestra que guía y la Compañera que no se rinde. Acercarse a ella es descubrir que nunca caminamos solos y que siempre hay una mano dispuesta a ayudarnos a seguir adelante, con fe, alegría y esperanza.


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