Beato Álvaro de Córdoba,
Sacerdote
- 19 de febrero
Nació este zamorano ilustre y santo hacia la segunda mitad del siglo XIV. No se sabe con seguridad casi nada de él en su juventud. Sabemos que se hizo dominico muy joven y que estudió con gran intensidad para ser sacerdote del Señor y poder predicar a Jesús en todas partes donde pudiese. Además, fue profesor de teología en la Universidad de Valladolid y el 21 de diciembre de 1416 el Papa Luna le concedió el título de Maestro en Teología, el grado más alto en esa ciencia.
Una inquietud interior
Algo especial debió ocurrirle porque, después de pensar mucho en su vida y en lo que Dios quería de él, se dio cuenta de que, como dominico, no vivía con la intensidad religiosa que había tenido el mismo fundador, santo Domingo de Guzmán (8 de agosto). Supo también que en Italia santa Catalina de Siena (29 de abril) había comenzado una reforma de los dominicos, buscando que volvieran a la vida que santo Domingo había imaginado y vivido. El Beato Álvaro comprendió que ese era el camino que él deseaba seguir.

Peregrinación y renovación espiritual
Se marchó en peregrinación a la Tierra Santa en 1418 y allí permaneció dos años, conociendo los lugares sagrados, rezando mucho y llenándose del espíritu de Jesús. Al regresar pasó por Italia para conocer de cerca la reforma que impulsaba santa Catalina de Siena entre los frailes.
Escalaceli, la «Escalera del Cielo»
Cuando volvió a España, con la ayuda de fray Luis de Valladolid y gracias a que había sido confesor de la reina, compró un terreno en un monte cercano a Córdoba y allí edificó un convento para los dominicos que deseasen vivir como él. Lo llamó Escalaceli, que significa «Escalera del Cielo», un nombre muy bonito para quienes querían acercarse más a Dios.
Predicador incansable y el Vía Crucis
Desde Escalaceli salía siempre el Beato Álvaro para predicar por toda Andalucía. Además tuvo una idea admirable: en los alrededores montañosos del convento mandó construir unas capillitas con escenas de la Pasión de Jesús. Estas se recorrían rezando y meditando en todo lo que Jesús padeció por los hombres. Así nació el Vía Crucis, el Camino de la Cruz, una devoción que hoy está extendida por todo el mundo.
Muerte y reconocimiento
Después de mucho rezar y predicar, murió lleno de buenas obras en 1430. Muy pronto el pueblo, que lo quería mucho, lo proclamó santo, pero fue el Papa Benedicto XIV quien le otorgó oficialmente el título de Beato en 1742.
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