San Óscar,
Obispo
- 03 de febrero
Había nacido en Amiens (Francia) en el año 801. Al año siguiente murió su madre y entonces su padre dejó al niño en el monasterio de Corbie, para que los monjes benedictinos lo educaran junto con otros niños.
Descubriendo la vida monástica
En Corbie, poco a poco, fue adentrándose en lo que tenía que ser su vida. Le gustaba todo lo que hacían los monjes: rezar, trabajar, estudiar, leer y copiar libros. Todo ello en una vida retirada y llena de la paz de Dios. Por eso, cuando cumplió 14 años pidió al abad ser un monje más en el monasterio. Y, como todos lo veían como un buen chico, fue aceptado. Estudió con esfuerzo y se preparó con entusiasmo para ser ya toda su vida de Dios. A los cuatro años de monje fue encargado de los estudios de los niños que vivían en el monasterio.
Primeros envíos misioneros
Corbie, donde vivía Óscar, quiso fundar un nuevo monasterio en Westfalia (Alemania) y allí lo mandaron. Otra vez, a los cuatro años, el príncipe de Dinamarca pidió al emperador de Alemania que le mandara monjes a su país porque quería que los daneses fueran cristianos. Y también tuvo que marchar Óscar, con un compañero, para esa misión. Pero no resultó bien. Fueron muy pocos a las enseñanzas de los monjes y menos aún los que se bautizaron. Así que Óscar tuvo que volver a Corbie, su casa.

La misión en Suecia
Pero otra vez, ahora el rey de Suecia pedía misioneros para su país.
En Suecia las cosas fueron mejor que antes en Dinamarca. Óscar y su compañero predicaban mucho, enseñaban el catecismo y celebraban la misa y los sacramentos; incluso llegaron a edificar una iglesia, la primera en tierras de Suecia.
Arzobispo y grandes pruebas
Al emperador de Alemania, Luis el Piadoso, se le ocurrió una buena idea: poner en Hamburgo un obispo que se encargase de procurar que el cristianismo se extendiese por todos los países del Norte de Europa. Para ese cargo tenía ya un nombre: Óscar. El Papa confirmó el nombramiento y ya tenemos a nuestro santo como arzobispo de Hamburgo y embajador del Papa para Dinamarca, Suecia y todos los países del Norte. Y todo comenzó a ir bien. Óscar tenía en Hamburgo su catedral, había otras iglesias, se edificaban monasterios y escuelas cristianas. Pero todo fue destruido por los enemigos del emperador. El santo obispo se quedó sin nada; incluso los otros misioneros le abandonaron.
Últimos años y legado
El Papa lo nombró obispo de Breen (Alemania) y allí ejerció, por fin, una importante tarea de dar a conocer a Jesús y el Evangelio.
Murió en Bremen el 3 de febrero de 865. Dos siglos más tarde los países del Norte de Europa eran cristianos.
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