San Gregorio de Nisa

San Gregorio de Nisa

  • 10 de enero

Gregorio nació alrededor del año 333 y fue el hermano menor de San Basilio Magno. Desde niño recibió una sólida educación cristiana, principalmente gracias a su abuela, quien le enseñó oraciones y prácticas de piedad. Así fue creciendo en la fe. Asistió a la escuela de su ciudad y mostró gran interés por el conocimiento. La muerte de su padre, cuando él aún era pequeño, impidió que estudiara en el extranjero como sí lo hizo su hermano Basilio.

Búsqueda intelectual y regreso a la fe

Gracias a su inteligencia, Gregorio se acercó a los mejores maestros de su tiempo y comenzó a leer a los grandes autores griegos. Esa inclinación intelectual lo alejó por un tiempo de la fe cristiana, pero los consejos de su hermano y de sus amigos lo hicieron volver al camino del Evangelio. A los 26 años pidió el bautismo. Más tarde, él mismo insistiría en que lo ideal es bautizar a los niños cuanto antes, para que crezcan desde pequeños como hijos de Dios.

Nueva etapa: estudios y vida espiritual

Después de su bautismo inició una etapa renovada: continuó estudiando, pero ahora se enfocó especialmente en los autores cristianos y se convirtió en discípulo de Basilio. Se interesó por la vida monástica y colaboró con su hermano en la redacción de las Reglas para los monjes basilianos. Durante un tiempo vivió retirado, dedicado al estudio, la lectura y la escritura.

Obispo de Nisa

Tras la muerte del obispo de Nisa, Basilio consideró que Gregorio era la persona adecuada para esa diócesis y lo ordenó obispo. Sin embargo, el cargo resultó ser un desafío enorme. Según su propio hermano, Gregorio a veces no sabía qué decisiones tomar y, en otras ocasiones, simplemente se equivocaba. Era un pastor con buen corazón, pero todavía en crecimiento.

Maestro reconocido

Todo cambió después de la muerte de San Basilio. Gregorio predicó en sus funerales un sermón tan profundo y bien elaborado que dejó maravillados a todos. A partir de ese momento, su prestigio creció: fue invitado a predicar, escribir, participar en sínodos y concilios. Su sabiduría se volvió ampliamente reconocida, y su claridad doctrinal lo convirtió en una voz firme frente a errores y confusiones de su tiempo.

Legado y muerte

Gregorio dedicó su esfuerzo a asegurar la recta fe en Dios. Entre sus obras más importantes se encuentra la «Gran Catequesis», pensada no solo para niños, sino también para adultos, sacerdotes y obispos que buscaban formación segura. Murió con fama de santidad hacia el año 395.


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