La fiesta de María Auxiliadora: el día que el Oratorio se llenaba de alegría

Hablar del 24 de mayo en la vida de Don Bosco es hablar de una de las fechas más importantes y emocionantes para toda la Familia Salesiana. Para Don Bosco, la fiesta de María Auxiliadora no era simplemente una celebración más dentro del calendario litúrgico. Era el día de la Madre. El día en que él veía reunidos los sueños, la fe y la protección de María sobre sus jóvenes y sobre toda su obra.

En las Memorias Biográficas y en diversos escritos salesianos aparece constantemente una idea que Don Bosco repetía con profunda convicción: «Todo lo ha hecho María Auxiliadora». Esa frase no era una expresión bonita o simbólica. Él realmente creía que cada paso del Oratorio, cada muchacho salvado de la calle, cada iglesia construida y cada milagro vivido habían sido obra de la Virgen.

La devoción de Don Bosco a María Auxiliadora fue creciendo poco a poco. Según varios estudios salesianos, ya desde sus primeros años sacerdotales tuvo contacto con esta advocación mariana, especialmente cuando fue enviado por san José Cafasso a trabajar cerca de una capilla dedicada a la Virgen Auxiliadora en Turín. Con el paso del tiempo, Don Bosco comenzó a comprender que María quería ser honrada bajo ese título en medio de los tiempos difíciles que atravesaba la Iglesia del siglo XIX.

En 1862, Don Bosco expresó claramente esta convicción ante sus jóvenes y colaboradores: «La Virgen quiere que la honremos con el título de Auxiliadora». Aquella frase marcó profundamente la espiritualidad salesiana. Poco después comenzó la construcción de la Basílica de María Auxiliadora en Valdocco, una obra que parecía imposible. Don Bosco prácticamente no tenía dinero, pero aun así inició los trabajos confiando completamente en María. Más adelante diría una frase muy famosa entre los salesianos: «No existe un ladrillo que no sea señal de alguna gracia».

Las celebraciones del 24 de mayo en el Oratorio eran verdaderamente especiales. Las Memorias Biográficas describen cómo miles de personas llegaban a Valdocco para participar en las Misas, procesiones, confesiones y momentos de oración. Los jóvenes preparaban cantos, decoraban el Oratorio y vivían la fiesta con enorme entusiasmo. Para muchos muchachos pobres y abandonados, aquella celebración era una experiencia de hogar, alegría y fe.

Don Bosco aprovechaba siempre esa fecha para recordar algo muy importante a sus jóvenes: María no abandona a quien confía en ella. En varios relatos de las Memorias Biográficas aparecen testimonios de personas que acudían a María Auxiliadora buscando ayuda espiritual, salud o consuelo, y que atribuían a su intercesión numerosas gracias y favores.

Algo muy hermoso es que Don Bosco no presentaba a María Auxiliadora como una figura lejana o inaccesible. Para él, María era una madre cercana, que caminaba junto a los jóvenes en los problemas concretos de la vida. Por eso insistía tanto en enseñarles a rezar, confiar y acudir a ella en momentos difíciles.

Incluso hoy, más de un siglo después, el 24 de mayo sigue teniendo ese mismo espíritu salesiano: alegría, juventud, esperanza y confianza absoluta en María. En muchísimas casas salesianas del mundo, las celebraciones continúan llenándose de cantos, procesiones y oración, recordando aquella certeza de Don Bosco de que María sigue acompañando a sus hijos.

Y quizá ese sea uno de los mensajes más actuales para los jóvenes de hoy: en medio de un mundo lleno de ansiedad, ruido y miedo al futuro, Don Bosco sigue recordando que nadie camina solo cuando aprende a confiar en María Auxiliadora.


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