El rostro de Domingo Savio

Nunca existió una fotografía de Santo Domingo Savio. Cuando él murió, la fotografía apenas comenzaba a surgir y todavía no era algo común. Por eso, el rostro que hoy conocemos no fue capturado por una cámara, sino conservado en la memoria y el cariño de quienes lo conocieron.

Años después, uno de sus compañeros —que estudiaba Bellas Artes— decidió pintar de memoria aquel rostro joven que había dejado huella entre todos: una mirada serena, una expresión amable y esa dulzura tan característica que incluso hoy sigue transmitiendo paz.

Y así quedó descrito Domingo Savio por quienes convivieron con él: «Alto, delgado, frente ancha, cabellos lisos y bien peinados. Ojos serenos, finos, penetrantes, inquietos y vivaces. De poco hablar, pero ameno y gracioso. Hábil apaciguador de peleas. Fuerte ante el sufrimiento, alegre siempre y gran amigo a toda hora».

Tal vez por eso este retrato conmueve tanto. Porque no intenta mostrar solamente cómo era físicamente… sino también un poco de la luz que llevaba dentro.


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