San Juan de Kety,
Sacerdote
- 23 de diciembre
A Juan de Kety se le podría describir como alguien que llegó a la santidad a través de la enseñanza. Pasó casi toda su vida impartiendo clases en la universidad, y quienes fueron sus alumnos recuerdan su enorme bondad y su ejemplo como sacerdote y maestro. Juan nació en el año 1390 en Kety, Austria, de donde tomó su nombre. Su padre era alcalde y su madre pertenecía a una familia reconocida. Desde muy joven mostró gran talento intelectual.
Formación y primeros pasos
A los 28 años obtuvo el título de doctor en filosofía en la Universidad de Cracovia. Poco después comenzó a dar clases en una escuela perteneciente a un convento de frailes en la ciudad de Miechow. Más tarde se ordenó sacerdote y, aunque fue párroco por un tiempo, pronto fue llamado nuevamente a la universidad para enseñar teología. En la Universidad de Cracovia fue profesor, luego decano de teología y también director del Colegio Mayor, donde vivían y se formaban los estudiantes. Aunque debatía mucho en clase, siempre mantenía una actitud paciente. Cuando sentía que podía molestarse, solía decir en su interior: «¡Gracias a Dios!», y esto lo ayudaba a mantener la calma.

Humildad y servicio
Fue nombrado canónigo de la catedral, un cargo importante, pero prefirió regresar a las aulas. Incluso el rey de Polonia lo eligió como maestro de sus hijos, misión que cumplió enseñando no solo ciencias y fe, sino también buenas costumbres y amor a Dios. Aunque tenía un buen sueldo, casi nunca tenía dinero para sí mismo: lo repartía entre los pobres. En una ocasión, unos ladrones lo robaron; al notar que habían dejado caer una moneda, se las ofreció diciendo: «Os dejáis una». Los ladrones, impresionados por su bondad, le devolvieron todo.
Un legado intelectual y espiritual
Además de enseñar y rezar, dedicaba su tiempo a copiar libros antiguos con letra clara y notas explicativas. Se calcula que transcribió más de 18,000 páginas, ayudando a preservar el conocimiento. Juan de Kety murió en Cracovia la noche de Navidad de 1473. Fue canonizado en 1767 por el Papa Clemente XIII, y hoy es recordado como un modelo de sabiduría, humildad y servicio.
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