Santa Catalina de Alejandría,
Virgen y Mártir
- 25 de noviembre
En tiempos pasados, esta santa fue muy conocida y profundamente querida por cristianos de todo el mundo. Grandes santos sentían especial devoción por ella y encomendaban sus obras bajo su protección celestial. Su fama era realmente impresionante.
Una historia transmitida con el paso de los siglos
La historia de su vida y martirio nos llega a través de un relato escrito 300 años después de su muerte. Eso significa que, con el paso del tiempo, algunas partes pueden haberse embellecido o exagerado para resaltar su santidad. Aun así, su testimonio sigue siendo inspirador… y te lo cuento
Catalina nació en Alejandría, Egipto, a finales del siglo III, dentro de una familia real. Desde niña fue bautizada y comenzó a mostrar un corazón lleno de bondad. Era obediente, estudiosa, generosa con los pobres y muy dedicada a la oración. Todo el mundo admiraba su comportamiento ejemplar.
Talento, sabiduría y una elección radical
Además de su virtud, Catalina destacaba por una inteligencia sorprendente. Cuando creció, su familia quiso casarla con un joven noble, pero ella rechazó la propuesta. Había decidido entregarse completamente a Dios y no estaba dispuesta a compartir ese compromiso con nadie más.

Valentía frente a la persecución
En tiempos del emperador Majencio, los cristianos eran duramente perseguidos. Catalina fue denunciada por su fe y llevada ante el gobernador. Sin miedo, defendió sus creencias con tanta sabiduría que casi convence a los jueces de hacerse cristianos.
El gobernador, admirando su capacidad, reunió a los sabios de Alejandría para debatir con ella. Sin embargo, Catalina respondió con tanta claridad y firmeza que algunos de ellos incluso se convirtieron al cristianismo. Al ver que no podían convencerla ni derrotarla con argumentos, intentaron tentarla con promesas y luego la sometieron a tormentos. Pero nada la hizo renunciar a Jesús.
Martirio y memoria eterna
Finalmente, fue ejecutada por la espada, entregando su vida por su fe. Su cuerpo fue llevado al monte Sinaí, donde aún hoy existe un monasterio que lleva su nombre, recordando su valentía y su amor absoluto a Dios.
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