Santa Catalina de Siena,
Virgen y Doctora de la Iglesia
- 29 de abril
Catalina es una obra maestra de la gracia de Dios. En ella se manifiesta con claridad la fuerza que el Señor concede a quien decide ponerse completamente al servicio de su voluntad.
Infancia marcada por Dios
Nació el 25 de marzo de 1347, en Sena (Italia). Fue hija de Jacobo Benincasa y Lapa Piacenti, y la penúltima de 25 hermanos en una familia fuerte y llena de amor. Desde pequeña mostró un gusto especial por las cosas de Dios y de la Iglesia. Una tarde tuvo una visión muy breve: vio a Jesús, vestido como un rey, hablando con los apóstoles Pedro, Pablo y Juan. Aquella escena quedó grabada en su corazón y marcó el inicio de su vida de amor a Dios y a la Iglesia.
Vocación firme y decisión valiente
Deseaba ser monja dominica porque quería mucho a Santo Domingo, pero no le permitieron ingresar por su juventud; tenía apenas quince años. Ante la oposición, se cortó el cabello al rape, provocando el enfado de sus padres y hermanos mayores. Después de ese gesto ya no se opusieron a su vocación y se unió a las Hermanas de Penitencia de los dominicos. Tomó como confesor y director espiritual al Padre Raimundo de Capua.
Una misión por la Iglesia
Vivía con dolor la situación de la Iglesia, convencida de que una de las causas era la ausencia del Papa en Roma, pues llevaba setenta años en Aviñón (Francia). Con valentía y confianza en el Señor, viajó a Aviñón en misión de paz. Buscaba reconciliar a Florencia con el Papa Gregorio XI. Logró esa paz y aún más: convenció al Papa para que regresara a Roma y desde allí trabajara por la renovación de la Iglesia.

Mensajera de paz en muchas ciudades
Tras el éxito de su gestión, fue llamada desde distintos lugares como Pisa, Luca, la isla Gorgona, Florencia y Génova, para intervenir en conflictos y promover la paz. Su palabra tenía autoridad porque nacía de una profunda unión con Dios.
Consejera del Papa y defensora de la Iglesia
En 1379 se trasladó a Roma y se convirtió en consejera especial del Papa Urbano VI. Continuó trabajando por una Iglesia más pura y fiel al amor de Dios, manteniendo siempre su entrega a la Orden Dominicana y al servicio del Papa.
El «Diálogo» y su legado espiritual
Tan íntima era su unión con Dios que podía dictar a varios secretarios dominicos lo que experimentaba en su interior. De ahí nació el libro «Diálogo», que sigue siendo escuela de santidad para quienes buscan la perfección cristiana.
Muerte y reconocimiento
Llena de amor a Dios y a la Iglesia, murió el 29 de abril de 1380. Fue canonizada por Pío II en 1461. Más tarde, Pío XII la declaró Patrona de Italia en 1940, Pablo VI la proclamó Doctora de la Iglesia y San Juan Pablo II la nombró Patrona de Europa.
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