La llegada del Hermano Pedro a la Antigua

La tradición cuenta que el 18 de febrero de 1651 marcó un momento especial en la vida del Santo Hermano Pedro. Ese día llegó por primera vez a la ciudad de Santiago de los Caballeros, la que hoy conocemos como Antigua Guatemala.

Al cruzar el Puente del Matasano, movido por la emoción y el profundo respeto que sentía al pisar aquella tierra, se inclinó para besar el suelo, como gesto de gratitud y humildad. En ese preciso instante, un fuerte temblor sacudió la ciudad, sorprendiendo a quienes se encontraban cerca del lugar.

Al sentir el movimiento de la tierra, el Hermano Pedro se arrodilló inmediatamente y, con el corazón lleno de sencillez, pidió perdón a Dios, creyendo que aquel temblor podía ser consecuencia de sus propios pecados. En medio de esa oración humilde pronunció unas palabras que con el tiempo quedarían grabadas en la memoria de muchos: «Aquí he de vivir y aquí he de morir».

Aquella expresión reflejaba no solo su espíritu de humildad, sino también la entrega con la que decidió dedicar su vida a servir a Dios y a los más necesitados en esa ciudad que, desde ese momento, se convertiría en el lugar de su misión y de su historia.


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