Gran devoción a la Eucaristía

Durante la solemne celebración del Corpus Christi, el Hermano Pedro participaba con una devoción llena de alegría y entusiasmo. Tomaba su propia capa y la convertía en una bandera, sujetándola a un astil de madera como signo de honor y alabanza al Señor presente en la Eucaristía.

Colocado delante de la custodia, acompañaba la procesión agitando constantemente aquella sencilla bandera durante todo el recorrido. Sus brazos y sus pasos seguían el ritmo de la marcha, y en medio de ese gesto de fervor, no faltaban los saltos alegres que brotaban de su corazón lleno de fe.

Mientras caminaba así, con sencillez y gozo, el Hermano Pedro también entonaba coplas que él mismo había compuesto para honrar el misterio eucarístico. Con su canto y su entusiasmo, expresaba públicamente el amor y la adoración que sentía por Jesús presente en el Santísimo Sacramento.

De esta manera, su participación en la procesión se convertía en un testimonio vivo de fe, una celebración llena de entusiasmo y devoción que invitaba a todos a reconocer y alabar la presencia del Señor entre su pueblo.


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