Conmovido por las dificultades que enfrentaban muchos enfermos al salir de los hospitales, el Santo Hermano Pedro puso especial atención en una necesidad que con frecuencia pasaba desapercibida. Muchos convalecientes, especialmente los forasteros y los más desvalidos, quedaban sin apoyo al abandonar el hospital, sin alguien que los acompañara ni quien pudiera ofrecerles el alimento y los cuidados necesarios para su recuperación.
Con el deseo de responder a esta realidad y movido por su profunda caridad, en el año 1664 emprendió la obra de construir un hospital destinado a los convalecientes. Aunque los recursos eran escasos y las dificultades muchas, el Hermano Pedro no se dejó detener. Lejos de limitarse a dirigir la obra, él mismo participaba activamente en la construcción, cargando sobre su espalda los pesados materiales y trabajando con sus propias manos. Su ejemplo de entrega y esfuerzo inspiró a muchos otros Hermanos, que se unieron generosamente para colaborar en aquella noble tarea.

En medio de estos trabajos ocurrió un hecho que quedó grabado en la memoria de quienes lo presenciaron. Uno de los Hermanos que colaboraba en la construcción resbaló del andamio donde se encontraba trabajando y cayó al vacío. Al darse cuenta de lo que sucedía, el Hermano Pedro elevó de inmediato una oración al Señor. Según se cuenta, aquel Hermano quedó suspendido en el aire, evitando así el golpe que habría puesto en peligro su vida.
Este acontecimiento fortaleció aún más la fe y la confianza de quienes participaban en la obra, animándolos a continuar con mayor entusiasmo la construcción de aquel hospital que nacía del corazón generoso del Hermano Pedro y de su deseo constante de servir a los más necesitados.
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