Beato Daniel Brottier,
Sacerdote
- 28 de febrero
Nació en Francia el 7 de septiembre de 1876. Desde niño sintió con claridad que Dios lo llamaba al sacerdocio. Respondió con generosidad y entró en el seminario de su diócesis, donde realizó los estudios de filosofía y teología y recibió la ordenación sacerdotal. Así comenzaba su camino para anunciar a Dios y ayudar a otros a conocerlo y amarlo.
El deseo de las misiones
Muy pronto comprendió que en las tierras de misión podría realizar mejor su sueño de llevar el nombre de Jesús a quienes aún no lo conocían. Por eso ingresó en una congregación dedicada especialmente a esta tarea: la Congregación del Espíritu Santo.
Misión en Senegal
En 1902 fue enviado a Senegal, en la costa africana del Océano Atlántico. Allí trabajó intensamente por el Evangelio. Su entrega era tan grande que una de sus cristianas llegó a decir que parecía tener dos almas, por todo lo que hacía. Sin embargo, solo pudo permanecer allí siete años, ya que las enfermedades que arrastraba desde tiempo atrás no se lo permitieron.

Regreso a Francia y nueva obra
De vuelta en Francia comenzó lo que sería la gran obra de su vida: recoger, atender y educar a niños huérfanos y abandonados. Pero este trabajo se vio interrumpido por la Primera Guerra Mundial (1914-1918). El Padre Brottier se ofreció como capellán del ejército. No combatía, pero cuidaba a los heridos, consolaba a los moribundos y animaba a los soldados abandonados durante meses en las trincheras.
La Casa de Huérfanos de Auteil
Terminada la guerra, en 1923 fue nombrado director de la Casa de Huérfanos de Auteil. Al llegar había 175 alumnos, pero trece años más tarde, gracias a su esfuerzo y dedicación, eran ya 1400. No recibía ayudas del gobierno, así que debía conseguir por sí mismo todo lo necesario para los niños. Se convirtió en un incansable gestor, siempre acompañado por la oración, que sostenía toda su labor.
Una vida entregada hasta el final
Trabajó y se desgastó hasta el último día. Murió rodeado del cariño de sus huérfanos el 28 de febrero de 1936. Fue beatificado por san Juan Pablo II el 25 de noviembre de 1984
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