Siete Santos Fundadores de los siervos de María

Siete Santos Fundadores de los siervos de María

  • 17 de febrero

El caso de estos siete santos es muy especial en la Iglesia. Es la única vez en que un grupo llega a la santidad sin ser mártires.

Siete amigos de Florencia

Estos siete hombres eran buenos cristianos de Florencia (Italia), comerciantes ricos que pertenecían a la Sociedad Mayor de Santa María, una especie de Hermandad en la que se comprometían a hacer el bien a los demás y asistían a los cultos en honor de la Virgen María. Por eso los siete se conocían entre sí y, posiblemente, eran buenos amigos.

El deseo de una vida mejor

Poco a poco surgió en ellos la idea de vivir de una manera más profunda y hacerlo todo por amor a Dios y a la Virgen. Pensaron retirarse a un lugar apartado del bullicio de la ciudad de Florencia y vivir como monjes, unidos en la oración y en el trabajo. Estos son sus nombres: Bonifilio, Bonayunta, Maneto, Amadeo, Hugo, Sosteño y Alejo.

La primera decisión

Tal como lo pensaron, lo hicieron. En el año 1233 adquirieron una casita en las afueras de la ciudad. Vendieron todo lo que tenían, lo repartieron entre sus familiares y los pobres y se fueron a vivir allí. Pasaban la vida orando y trabajando, unidos y contentos de poder expresar su amor a Dios y a los pobres, porque, a pesar de que mucha gente iba a pedirles ayuda, nadie se marchaba de vacío, ya fuera con buenos consejos o con limosnas.

El monte Senario y un nuevo paso

A los doce años se alejaron un poco más de Florencia. Construyeron una casa y una pequeña iglesia, dedicada a la Virgen María, en el monte Senario. Allí recibieron la visita de san Pedro de Verona (4 de junio), un dominico que llegó en un viaje de predicación y les aconsejó que fundaran una Orden religiosa siguiendo el ideal que ellos ya vivían.

El nacimiento de una Orden

Los siete nunca habían pensado en algo así. Vivían de ese modo porque sabían que agradaba a Dios, pero no creían que pudiera atraer a otros. Sin embargo, comenzaron a unirse personas que también querían entregarse a Dios en la oración y en la especial devoción a la Virgen María. Todos menos uno fueron ordenados sacerdotes. La futura Orden fue creciendo en frailes y conventos, hasta que el 11 de febrero de 1304 la Orden de los Siervos de María (Servitas) fue aprobada por el Papa.

Muerte y canonización

Fueron muriendo los siete y sus cuerpos fueron depositados en un mismo sepulcro. Sus almas volaron al cielo y esperaron durante seis siglos su canonización, que tuvo lugar el 15 de enero de 1888.


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