San Marcelo,
Papa y Mártir
- 16 de enero
San Marcelo fue un Papa del siglo IV que condujo a la Iglesia en medio de intensas persecuciones del imperio romano. Su pontificado fue breve —apenas un año y medio— porque él mismo fue apresado, torturado y finalmente murió a causa de los malos tratos recibidos.
El desafío de los «lapsos»
Uno de los problemas más delicados que tuvo que enfrentar fueron los llamados «lapsos»: cristianos que, por miedo al castigo o a la muerte, habían renegado de su fe y ofrecido culto a dioses paganos, pero que después querían volver a la comunidad cristiana. El Papa Marcelo exigía un arrepentimiento sincero y un firme propósito de no volver a abandonar a Dios. Algunos pensaban que debía ser mucho más duro con ellos, mientras que otros preferían un perdón inmediato. No se sabe con exactitud la solución que él tomó, pero probablemente buscó un camino equilibrado.

Firme hasta el final
Cuando fue capturado por orden del emperador Majencio, intentaron obligarlo a adorar a los dioses romanos, pero él se mantuvo firme en su fe. Fue azotado y obligado a limpiar las cuadras del emperador, vestido con una túnica llena de pinchos, trabajando desde el amanecer hasta el atardecer. Estos sufrimientos lo llevaron a la muerte por agotamiento, un 7 de octubre.
Un legado de santidad
Los cristianos recuperaron su cuerpo y lo sepultaron en un lugar de honor del cementerio de Balbina, en Roma. Su fama de santidad nació de la convicción, muy extendida entre los primeros cristianos, de que los primeros Papas fueron todos santos por la manera heroica en que vivieron su fe y por haber entregado su vida por Dios incluso en medio de tantas dificultades.
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