Unas palabras sobre Domingo

Domingo, uno de los primeros alumnos de Don Bosco, mostró desde pequeño un gran amor hacia Dios, lo que se tradujo en una vida marcada por la santidad. En esta oportunidad, el Padre Julio Navarro nos cuenta un poco sobre este gran joven santo.

Texto: Parroquia El Espíritu Santo / Fotografía: Parroquia El Espíritu Santo
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La santidad de Domingo Savio en 9 puntos

1. Salir de la mediocridad.

El anhelo de santidad supone dejar una vida ramplona y rutinaria y dejarse llevar por la radicalidad del evangelio.

2. Dejarse acompañar.

Domingo Savio se confío completamente a Don Bosco. Hay que dejarse por quien, respetando la libertad, nos guía hacia nuestra madurez plena.

3. Santidad simpática.

¡Estad siempre alegres! La alegría es la expresión externa de la felicidad que experimentamos al sentirnos bien con Dios, con lo demás y con nosotros mismos.

4. Cultivar la responsabilidad.

¡Hacer en cada momento lo que hay que hacer! Vivir responsablemente nuestros compromisos cotidianos en casa, en el estudio o el trabajo es el primer testimonio de santidad.

5. Amistad y liderazgo.

Cultivar la amistad y ganar la confianza de los compañeros constituyen dos objetivos fundamentales que Domingo Savio consigue con la amabilidad, cercanía y disponibilidad.

6. Compromiso animador.

Domingo Savio fue un verdadero apóstol entre sus compañeros. La Compañía de la Inmaculada es expresión de su compromiso pastoral.

7. Entrega a los más pobres.

Estuvo siempre atento a los más necesitados del Oratorio.

8. Amistad con Dios y devoción a la Virgen.

En Domingo Savio descubrimos un profundo sentido de fe. La Palabra, la eucaristía, la reconciliación y la devoción a María son pilares fundamentales para crecer en santidad.

9. Esperanza en la vida plena.

La esperanza del “paraíso”, esto es, de la Vida plena que es Jesús ayudó a Domingo Savio a afrontar su muerte.

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El programa de santidad de Domingo Savio

Domingo tuvo la suerte cuando tenía 12 años de encontrarse con Don Bosco. Don Bosco visitaba I’Becchi y allí el maestro de la escuela le presentó a Domingo Savio. Él anhelaba estudiar y desde pequeño quería ser sacerdote. se presentó ante Don Bosco para decirle: “me lleva a su colegio en Turín, quiero ser uno de sus alumnos, quiero prepararme con el estudio”. Y Don Bosco le responde: “vamos a ver que tal eres, — le dio un librito — lee esta página; estúdiala un poco y luego regresas y me dices que entendiste”. A los pocos minutos regresó Domingo diciendo: “Don Bosco, si quiere le doy la lección”, en efecto, la sabía a la perfección, tenía buena inteligencia, muy despierto. Don Bosco quedó contento, por lo que le dijo: “bueno me parece que hay buena tela”. Domingo responde: “si yo soy la tela, usted sea mi sastre y haga de mí un bello traje para el Señor Jesús”.

Don Bosco hizo a sus muchachos un sermón donde les dijo: “Dios quiere que seamos santos; es voluntad de Dios que seamos santos, y no es difícil serlo y después en el cielo habrá una gran recompensa para los santos”. Con ese sermón, Domingo Savio quedó entusiasmado, decidió ser santo. Se presentó ante Don Bosco y le dijo: “Don Bosco ayúdeme, quiero ser santo, ¡quiero ser santo!”. En ese momento se imaginaba, quizás, que para ser santo tenía que hacer lo que oía en las vidas de los santos; quizás milagros, quizás grandes penitencias o mortificaciones; y Don Bosco le dice: “no, para ti la santidad no es eso”, y le trazó un pequeño programa de santidad.

El programa que Don Bosco le aconsejó fue:

1. Estar siempre alegres, esa alegría cristiana que indica una serenidad interior, buen carácter, estar en paz con Dios y con todos. Domingo Savio aprendió bien eso. Cuando entró al colegio otro muchacho, él lo veía un poco triste, apartado, solitario, además de que no conocía a nadie. Domingo se le acercó y le dijo: “mira aquí hacemos constar la santidad en estar siempre alegres”.

2. Hay que estar siempre ocupados, cumpliendo bien sus deberes. cumplir con los estudios, con el trabajo para utilizar apropiadamente las cualidades que Dios nos ha dado.

3. Sean siempre obedientes a sus papás o a sus superiores, no hagan nada que los desagrade.

4. Sean siempre agradecidos con todos sus bienhechores, con sus maestros, con sus superiores.

5. Escoge bien y se siempre sincero con tu confesor. Hay que confesarse bien, con sinceridad, y con buenos propósitos.

6. Preocúpate por cultivar y defender la pureza, es decir la castidad. No aceptar nada que sea vulgar, pornográfico, etc. es bello vivir con pureza en las miradas, en la fantasía, en los sentimientos, en las acciones.

7. Hay que ser un pequeño apóstol entre sus compañeros. En esto se distinguió mucho Domingo Savio. Él luchó por querer ganar las almas de sus compañeros, que nadie se perdiera ni tomara un mal camino.

8. Acudir con frecuencia a los sacramentos de la Confesión y de la Comunión como medios maravillosos de salvación.

9. Ser muy devoto de la Santísima Virgen. Domingo Savio, una de las primeras cosas que hizo, casualmente en el año en que el Papa declaró oficialmente el Dogma de la Inmaculada Concepción de María, fue fundar, junto con sus compañeros la Compañía de la Inmaculada Concepción. De aquí — de la Compañía — salieron los primeros Salesianos de Don Bosco.

10. Aspirar y desear la santidad. Luchar por ella para mantenerse alejado de cosas mundanas y malas y aspirar a la alegría del cielo, desear el cielo.

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La oración predilecta de Domingo

Domingo Savio tenía una profunda devoción por la Virgen María prueba de ello fue la fundación de la “Compañía de la Inmaculada”, así como la dedicación de su comunión los miércoles por la Virgen de Dolores y los Sábados por la Virgen María.

Sin embargo, entre todas las oraciones que sabía a la perfección y tantas más que recitaba cada mañana y noche, Domingo sentía una particular predilección por la corona al Sagrado Corazón de Jesús. Esta la rezaba con un amor inigualable en reparación de las injurias que el Corazón de nuestro Señor, recibe de los herejes, infieles y malos cristianos.

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El crecimiento espiritual de Domingo en cuatro puntos

Gracias a la biografía escrita por Don Bosco, podemos descubrir cuatro momentos clave en la vida de Domingo en los cuales podemos ver una aceleración en su crecimiento y madurez espiritual.

Los propósitos de la Primera Comunión. 8 de abril de 1849.

En ese pequeño trozo de papel, el propio Domingo deja patente su ideal de vida personalizado (“Mis amigos serán Jesús y María”) y enérgico (“Antes morir que pecar”).

La Consagración a la Inmaculada. 8 de diciembre de 1854.

Apenas lleva un mes najo la dirección de Don Bosco y Domingo toma un compromiso espiritual firmísimo. Pone su propósito de ser fiel, sin claudicar en lo más mínimo, en manos de la Madre del cielo.

Su deseo de ser santo. Marzo de 1855.

Esta es la fórmula concreta y personal, alegre y apostólica, de “ser todo del Señor”, tal como lo dice su nombre. Una profunda unidad, de irradiante simpatía, está llevando a plenitud todos sus esfuerzos.

La fundación de la Compañía de la Inmaculada. 8 de junio de 1856.

En esta fundación, Domingo deja plasmada su personalidad en formación y rica de talento y gracia. La selección de sus miembros y la redacción del reglamento, que define el compromiso, representan el esfuerzo de varios meses hasta culminar en la constitución oficial al año y medio de la consagración a María.

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