Una gran devoción en un sermón.

Don Bosco recomendaba con mucha frecuencia a sus muchachos: «Animen su fe en la presencia del Ángel de la Guarda, que está siempre con ustedes. Santa Francisca Romana veía el suyo constantemente delante de ella, con las manos sobre el pecho y los ojos clavados en el cielo; pero, cuando cometía la menor falta, el Ángel se cubría la cara y le volvía la espalda, como avergonzado. Sed buenos – les decía – para que esté contento su Ángel Custodio. En las penas y desgracias materiales o espirituales, acudan al Ángel con plena confianza y él los ayudará. ¡Cuántos, que estaban en pecado mortal, fueron librados de la muerte por su Ángel para que tuvieran tiempo de confesarse bien! ¡Ay de los escandalosos! Los ángeles de los inocentes traicionados pedirán venganza ante Dios”.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, Don Bosco

¡Acuérdate – decía Don Bosco – de que tienes un Ángel por compañero, guardián y amigo! Si quieres complacer a Jesús y a María sigue las inspiraciones de tu Ángel de la Guarda. Invoca a tu Ángel en las tentaciones. Tiene él más ganas de ayudarte que tú de que te ayuden. Sé valiente y reza: también tu Ángel Custodio reza por ti y será escuchado. No prestes oídos al demonio y no le temas; él tiembla y huye ante la presencia de tu Ángel. Pide a tu Ángel de la Guarda que venga a consolarte y a asistirte en la hora de tu muerte.

Texto: Parrroquia El Espíritu Santo / Fotografía: Parroquia El Espíritu Santo


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Con un robo se disculpó.

Juan Bosco pasaba su tiempo libre entreteniendo a sus amigos con juegos y diversiones. Sacaba de la misma botella vino blanco o tinto, a gusto de los convidados. Todos quedaban fascinados al verlo. Pero, conforme fueron viendo como lograba adivinar el dinero guardado en bolsillos ajenos, o al tocarlas sólo con los dedos se reducían a polvo monedas de cualquier metal, algunos comenzaban a pensar si Juan no sería brujo, ya que no podía realizar tales proezas sin la intervención del demonio. Esto llegó a oídos del Canónigo Burzio, arcipreste y párroco de la Catedral, quien se vio en la necesidad de mandar a llamar a Juan.

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Juan se presentó ante el canónigo quien, en su despacho, le empezó a preguntar sobre la fe, es decir, el catecismo. El muchacho respondió a la perfección cada pregunta. El arcipreste decidió indagar un poco más sobre el asunto principal: «Das mucho que hablar, y alguien ha llegado a sospechar que te sirves de la magia, y que en tus obras puede haber intervención del diablo. Dime, pues: ¿quién te enseñó todas estas ciencias? ¿Adónde fuiste a aprenderlas?, dímelo con toda confianza; te doy mi palabra de que únicamente me serviré de ello, para tu bien”.

Con mucha naturalidad Juan le pidió cinco minutos de tiempo para responder y le invitó a que le dijera la hora exacta. El canónigo metió la mano en el bolsillo y no encontró el reloj. “Si no tiene el reloj – añadió Juan – al menos deme una moneda de cinco céntimos”.

El canónigo registró todos los bolsillos, y no encontró su monedero. “Bribón – empezó a gritar colérico – tú sirves al demonio, o el demonio te sirve a ti. Me has robado el reloj y el monedero. Ya no puedo callar; estoy obligado a denunciarte, y aún no sé cómo me aguanto y no te propino una paliza”. Pero al contemplarle tranquilo y sonriente, se calmó un tanto y continuó: “Bueno, vamos a tomar las cosas con calma. Venga, explícame tus misterios. ¿Cómo te las has arreglado para que mi reloj y mi monedero se escapasen de mi bolsillo, sin darme cuenta? ¿Y adónde diablos han ido a para esos objetos?”.

Señor arcipreste – respondió Juan respetuosamente – se lo explico en pocas palabras: todo es habilidad de manos, inteligencia previa, o cosa preparada.

¿Qué tiene que ver la inteligencia con esa desaparición de mi reloj y mi monedero?

– Se lo explico en dos palabras. Al llegar a su casa, estaba usted dando una limosna a un necesitado y dejó el monedero sobre un reclinatorio. Al pasar luego de una habitación a otra, depositó el reloj sobre la mesita. Yo escondí ambas cosas y, mientras usted pensaba que las llevaba consigo, resultó que estaban bajo esta pantalla.

Y diciendo esto, levantó la pantalla, y aparecieron los dos objetos que, según él, el demonio había llevado a otra parte. Rióse mucho el buen canónigo; le pidió que le hiciera algunos otros juegos de destreza y, cuando supo cómo se hacían aparecer y desaparecer los objetos, quedó muy satisfecho, le hizo un regalo y concluyó: “Ve y di a tus amigos que la ignorancia es el pasmo de los ingenuos, ignorantia est magistra admirationis”.

Texto: Parrroquia El Espíritu Santo / Fotografía: Parroquia El Espíritu Santo


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«No soy un profeta».

Tanta había llamado la atención la obra de Don Bosco, que los periódicos del aquel tiempo buscaban la oportunidad de entrevistarlo y conocer más a fondo como lograba tales maravillas; el 25 de abril de 1884 el Journal de Rome, publicó una entrevista que le realizó.

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Reportero: ¿Por qué milagro ha podido usted fundar tantas casas en países del mundo tan diversos?

Don Bosco: He podido hacer todo lo que esperaba. Pero ni yo mismo sé cómo. Ha sido la Santísima Virgen, que conoce las necesidades de nuestros tiempos, la que nos ayudó.

Reportero: Pero ¿de qué modo le ayuda?

Don Bosco: Mire: una vez me escribieron a Turín que hacían falta 20,000 liras para la iglesia que construíamos en Roma. En aquel momento, yo no tenía nada. Puse la carta sobre la pila del agua bendita, elevé una fervorosa oración a la Virgen y me acosté, dejando el asuntito en sus manos. A la mañana siguiente recibo la carta de un desconocido que en resumen me decía: ‘Había prometido a la Virgen que, si me concedía cierta gracia, daría 20,000 liras para una obra de caridad. Como he recibido la gracia, pongo a su disposición esa cantidad’. Otra vez, encontrándome en Francia, recibo la mala noticia de que una de mis casas necesita inmediatamente 70,000 liras para salvarse de un grave riesgo. No viendo allí cómo remediarlo, recurro nuevamente a la oración. Eran las diez de la noche y me iba a acostar, cuando llaman a la puerta de mi habitación. Abro. Y entra un amigo con un grueso paquete en la mano que me dice: ‘Carísimo Don Bosco, había dejado en mi testamento una cantidad para sus obras. Pero hoy he pensado que para hacer el bien es mejor no esperar a la muerte. Y le traigo corriendo la cantidad. Téngala: 70,000 liras’.

Reportero: Esto son milagros. Permítame una indiscreción: ¿ha hecho otros milagros?

Don Bosco: Yo no he pensado nunca nada más que en cumplir con mi deber. He rezado y he confiado en la Virgen.

Reportero: ¿Querría decirnos cuál es su sistema educativo?

Don Bosco: Sencillísimo: dejar a los jóvenes en plena libertad de hacer lo que más les agrada. La clave está en descubrir cuáles son los principios de sus buenas cualidades y luego procurar desarrollarlos. Cada cual hace a gusto lo que sabe que puede hacer. Yo me regulo por este principio y mis alumnos trabajan todos no sólo con actividad, sino con amor; en cuarenta y seis años no he impuesto ni un solo castigo. Y me atrevo a afirmar que mis alumnos me quieren mucho.

Reportero: ¿Cómo ha hecho para hacer llevar sus obras hasta Patagonia y Tierra del Fuego (Argentina)?

Don Bosco: Poquito a poco.

Reportero: ¿Qué piensa usted de las condiciones actuales de la Iglesia en Europa, en Italia y en su futuro?

Don Bosco: Yo no soy un profeta. Vosotros los periodistas sí que lo sois un poco. Por tanto, a quien hay que preguntar que va a pasar es a vosotros. Nadie, excepto Dios, sabe el porvenir. Sin embargo, humanamente hablando, es de creer que el futuro será grave. Mis previsiones son muy tristes, pero no tengo ningún miedo. Dios salvará siempre a su Iglesia; y la Virgen, que visiblemente protege el mundo contemporáneo, sabrá hacer surgir sus redentores.

Texto: Antonio Martínez Azcona / Fotografía: SDB


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María Auxiliadora: una advocación muy ligada a Don Bosco

En este día, fiesta de María Auxiliadora, el Padre Rolando Echeverría, SDB, nos comparte una bonita reflexión de lo que representó la advocación de María Auxiliadora para Don Bosco y, especialmente, lo que representa para cada uno de nosotros que acudimos a ella, especialmente en los momentos de dificultad.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, María Auxiliadora MARÍA AUXILIADORA: UNA ADVOCACIÓN MUY LIGADA A MARÍA AUXILIADORA.
Padre Rolando Echeverría, SDB.

Texto: Parroquia El Espíritu Santo / Ilustración: Basílica María Auxiliadora / Audio: Rolando Echeverría, SDB


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El nombre de María Auxiliadora

El título de María Auxiliadora no lo inventó Don Bosco, es mucho anterior a él. Don Bosco es el propagador de esta devoción porque la Virgen le pidió que él difundiera la gloria del poder de este nombre. No es una advocación, no es un título, el ser Auxiliadora es una cualidad inherente a la Virgen. San Juan Crisóstomo en el año 345 ya se dirige a la Virgen como la Auxiliadora y dice: “Porque tú eres el poderoso auxilio del pueblo cristiano”.

Parroquia El Espíritu Santo, Las Charcas, Salesiano, María Auxiliadora

San Sabas en el año 532 narra que en Oriente había una imagen de la Virgen que era llamada Auxiliadora de los enfermos, porque junto a ella se obraban muchas curaciones. Era una imagen muy visitada por los fieles.

San Juan Damasceno, dos siglos después de San Sabas, fue el primero en propagar la jaculatoria: “María Auxiliadora, rogad por nosotros” y además decía, explicando: “la Virgen es Auxiliadora para evitar males y peligros, y Auxiliadora para conseguir la salvación”.

En Ucrania, en Rusia, se celebra la fiesta de María Auxiliadora el primero de octubre desde el año 1030, porque en ese año se libró a la ciudad de la invasión de una terrible tribu de bárbaros paganos. La condición era rezar el Avemaría y gritar a voz en pecho: “¡María Auxiliadora, defiéndenos!”. Después en 1572 el Papa San Pío V ordenó que en todo el mundo católico se rezara en las letanías la advocación: “María Auxiliadora, ruega por nosotros”, porque en ese año, 1572, nuestra Señora libró prodigiosamente en la Batalla de Lepanto a toda la cristiandad que venía a ser destruida por un ejército mahometano de 282 barcos y 88,000 soldados.

Después en el año 1600 los católicos en el sur de Alemania hicieron una promesa a la Virgen de honrarla con el título de Auxiliadora si los libraba de la invasión de los protestantes y hacía que se terminara la terrible Guerra de los 30 años. Y así fue, la Madre de Dios les concedió ambos favores y pronto habían más de 70 capillas con el título de María Auxiliadora de los cristianos.

En 1683, los católicos al obtener inmensa victoria en Viena contra los enemigos de la Fe fundaron la Asociación de María Auxiliadora, la cual existe hoy en más de 60 países. Y en 1814 el Papa Pío VII, prisionero del general Napoleón, prometió a la Virgen que el día que llegara a Roma en libertad, ese día él lo declararía fiesta de María Auxiliadora, e inesperadamente el pontífice quedó libre, llegó a Roma el 24 de mayo y desde esa fecha quedó declarado el 24 de mayo como día de María Auxiliadora.

Y fue hasta en 1860 que la Virgen Santísima se aparece por primera vez a San Juan Bosco y le dice que quiere ser honrada con el título de Auxiliadora y le va a señalar allí propiamente el sitio en Valdocco para que construya allí en Turín un templo para ella. Y Don Bosco empezó la obra del templo con sus tres monedas de 20 centavos. Pero fueron tantos y tan grandes los milagros que María Auxiliadora empezó a obtener a favor de los devotos, que se terminó la gran basílica y fue cuando la gente empezaba a decir que Don Bosco era el sacerdote de María Auxiliadora y María Auxiliadora era la Virgen de Don Bosco.

Sabemos entonces con que antigüedad ese título se ha venido pronunciando en los labios cristianos con amor y con fervor. por eso el título de María Auxiliadora es para nosotros una fuente de segura confianza. Al invocarla estamos resumiendo las demás advocaciones y estamos también reconociendo que ella está aquí junto a nosotros para manifestarnos su amor y su ternura.

Texto: Monseñor Walter Guillén, SDB, Obispo de la Diócesis de Gracias, en Honduras / Fotografía: Parroquia El Espíritu Santo


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