Dos años después de la muerte de Don Bosco, el 4 de junio de 1890 en Turín, dio inicio el proceso de su beatificación y canonización.
Este camino no fue sencillo. A lo largo del tiempo hubo momentos difíciles y de incertidumbre, hasta el punto de que el 20 de julio de 1926 muchos pensaron que el proceso ya no podría continuar.
Sin embargo, el Papa Pío XI, quien en su juventud había conocido personalmente a Don Bosco, intervino con decisión para impulsar la causa. Gracias a ello, el 14 de diciembre de 1926 se llevó a cabo una nueva reunión que permitió que el proceso retomara su rumbo y siguiera adelante.

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